CARTA 1

Tengo una prima cristiana que siempre habla de dios. Ella es muy solidaria mientras se trate de temas de su religión: viene a orar a la casa y habla de la importancia de dios en la familia, pero para cuestiones económicas es descaradamente ambiciosa. Si te da algo, lo anota y lo cobra. Recibir un favor de ella es como hacer un pacto con el diablo, porque, si puede sacar provecho de ti, lo hará, disfrazándolo con sus discursos sobre dios y sus bendiciones.

Cuando la conocí me caía muy bien, de hecho, es simpática, me hace reír, pero cuando se trata de ella, desconoce y le importa poco si uno tiene tiempo, ganas, posibilidad o no: ella cobra el favor que alguna vez hizo. Me molesta que quiera que uno se ajuste a sus necesidades y que manipule y mienta.

Cuando yo ayudo, lo hago dentro de mis posibilidades y la mayoría de las veces me molesto con la gente a quien di algo, porque espero consideración en un momento, pero debo entender que todos somos como somos y que, si lo hago, debo hacerlo por y para mí. Aclaro, no espero reconocimiento ni alabanzas, pero sí reciprocidad. Cuando, por ejemplo, a una señora que me ayudaba con el quehacer, le he dado ropa y zapatos, y me roba, me molesta porque me siento traicionada y burlada.

Tengo muchos juicios en la mente, porque creo que mi vara es alta. A veces quisiera encerrarme y no convivir o sólo hacerlo lo mínimo. En mi juventud fui muy sociable, hubo grandes traiciones y ahora no soporto casi nada… Ni doy ni que me den. Soy huraña, porque si no, ¿no corro el riesgo de ser abusada como en mi juventud, cuando era tan relajada?

RESPUESTA 1

Una pregunta importante es: ¿por qué te sientes dañada por tu prima? ¿Por qué te daña A TI? Es claro que alguien que se pavonea con discursos religiosos y luego se comporta con mezquindad, no entiende nada de lo más hermoso y puro de la religión, que es, en cierto modo, el sentido de la gracia y la generosidad. Pero tú eres generosa. Te gusta beneficiar a la gente. Lo que depende de ti, humanamente, lo haces tan bien como puedes. Entonces, ¿por qué la mezquindad DE ELLA representa un problema y un daño PARA TI? ¿Dónde está el daño real?

Por otro lado, todo enojo tiene que ver también con creer que nos dañan injusta e intencionadamente. ¿Es así? ¿Por qué tu prima actúa cómo actúa? ¿Qué tiene que creer alguien para andar llevando las cuentas? ¿Y cómo se siente? En lugar de precipitar rápidamente un juicio, es más provechoso estudiar las condiciones del otro con “ojo científico” (en budismo se le llama karuna, compasión): su relación con el dinero, con la necesidad de atención, de control, etc. En general, cuando las personas actúan de esta manera, no tienen el propósito deliberado de arruinarte la vida, más bien son sus carencias, sus agujeros los que necesitan controlar y echan mano de lo que pueden.

Ahora, ¿qué depende de ti? Poner los límites. Ponerlos con total firmeza, sin por ello ser violenta. A veces, cuando nos enojamos, no es con el otro, es con nosotros mismos por no haber puesto el límite, o por haberlo puesto de manera tibia. Para hacer justicia (pues el que está enojado siente que ha sido injustamente dañado) no hace falta odiar, que sólo trae sufrimiento, sino discernir y marcar los límites.

Por último, desanudar las heridas del pasado puede ser una vía provechosa. Pero también puedes intentar estar muy lúcida en el momento presente y tratar de percibir lo que se te presenta con la consciencia de que eso no es el pasado. Esta persona no es la que te traicionó (incluso la persona que te traicionó ya no es la misma). No negaré que es difícil, que las huellas del pasado se proyectan sutilmente en nuestra percepción. Pero es que tú misma no eres la que fuiste. Ser relajado no es un problema si la relajación no se vuelve una ingenuidad pueril. Al contrario, puedes ser firme y relajada al mismo tiempo. Cuando uno está tenso, se vuelve susceptible, y al ser susceptible está mucho más expuesto a sentirse lastimado. “Cerrar el corazón” no protege gran cosa. Es paradójico, pero sólo un corazón abierto de par en par resulta invulnerable.

CARTA 2

«… puedes ser firme y relajada al mismo tiempo. Cuando uno está tenso, se vuelve susceptible, y al ser susceptible está mucho más expuesto a sentirse lastimado. “Cerrar el corazón” no protege gran cosa. Es paradójico, pero sólo un corazón abierto de par en par resulta invulnerable». Esto me lo voy a tatuar en la memoria… Pero antes, ¿cómo un corazón abierto es más resistente? ¿Es por la actitud de ser buena persona sin esperar nada a cambio?

RESPUESTA 2

Más que con ser “buena persona”, la apertura del corazón tiene que ver con la capacidad de aceptarlo e integrarlo —y por lo tanto, amarlo— TODO. “Amar el destino” (Amor fati, le llamará siglos más tarde Nietzsche). Esto suena descabellado en principio, pero no lo es, aunque sí es un desafío humano extremadamente difícil. Pero podemos pensarlo en distintas escalas y verás que la lógica de todo esto es la misma.

En pequeña escala: tu prima predica sobre Dios mientras reclama una deuda y estima los intereses generados (estoy caricaturizando). No es que ésa sea una “bella acción”, por supuesto que no, pero tu corazón no se cierra con eso, no rechaza, no experimenta aversión. En lugar de eso, comprende (en el sentido de entender y abarcar) la circunstancia: quién dice lo que dice, qué pasa en su mente-corazón, qué la mueve a hacer eso, etc. Al estar centrada tu atención de ese modo, ya no estás pensando que eso representa un daño para ti (pues no es el caso) y, aunque pueda resultar una experiencia desagradable, no hay ese cerrarse, temer, encolerizarse. Comprendes lo que sucede, comprendes el sufrimiento que mueve a la otra persona a actuar de ese modo. Si tienes que poner un límite, lo pones, pero el límite no emana de sentirte lastimada, sino de aquello que es justo y nada más. No hay sufrimiento propio, no hay aspereza, sí firmeza. Es en este sentido que digo que un corazón abierto resulta invulnerable.

En una escala mayor y más dura: un duelo. Los duelos, precisamente, sólo terminan cuando hay plena aceptación; en ese momento, el sentimiento de pérdida se convierte en algo parecido a la gratitud. Ya no es el lamento por lo que se fue, sino la gratitud por haberlo tenido el tiempo que estuvo. Esto sí puede ser muy duro, pero, si notas, cuando llega la aceptación, cuando acaba el rechazo, cesa el dolor (el duelo). Es la misma lógica que en la escala pequeña: comprensión, aceptación, abrazar lo que es.

* Publicado con el consentimiento de la consultante, bajo la condición de mantener el anonimato.