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  • #14549
    Rosa Maria JuarezRosa Maria Juarez
    Participante

    Hola, buen día. Me encantó esta parte del taller. La familia de mi papá tiene funerarias desde hace mucho tiempo y yo crecí viendo velorios, muertos de todas las edades, jugando con mis primos a las escondidas dentro de las cajas de muerto y ví a la muerte de otra manera. Mi abuela paterna nos decía que viviéramos cada día como si fuera el último de nuestras vidas, porque la muerte está a lado nuestro y nos acompaña a todas partes y en cualquier momento puede extender sus alas y llevarnos a otra dimensión. Igualmente nos enseñó a dar todos los días gracias por un nuevo día, pero también un día menos en nuestro ciclo de vida. Aún así, debo confesar que no me fue fácil superar el duelo por la muerte, en un accidente automovilístico, de uno de mis hermanos hace ya 25 años y pareciera que fue ayer, hace 18 devolví a mi mamá y en marzo de este año devolví a mi papá; este último me inculcó el no tener miedo a la muerte, mejor disfrutar la vida y no engancharme con cosas inútiles o que no tengan solución, él me decía canta, ríe, baila, llora cuando tengas ganas de hacerlo, pero vive el momento; sí no es fácil, pero se puede lograr.
    Es muy curioso algo, en esta semana, mi hermana menor y yo platicábamos sobre que los psicólogos, casi siempre en sus terapias, hacen la pregunta de: que harías si te dijeran que te quedan 24 horas de vida. Ella respondió que tal vez llamaría a la gente con la que no ha hablado desde hace mucho, comería su comida favorita… Yo le dije que cuando a mí me hicieron esa pregunta, simplemente contesté que yo viviría como todos los días lo había venido haciendo, que lo que no hice en 45 años de mi vida, no lo iba a hacer en 24 horas, que me sentía plena con todo lo que había realizado, comido, aprendido, viajado, disfrutado y no tenía nada más que decir: “gracias vida por todo lo que me diste, no te debo ni me debes nada”.
    Saludos.

    #14553
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Qué bueno que esta parte del taller te haya despertado tanto entusiasmo, Rosa María. Es una aspecto fundamental de la práctica estoica: ser conscientes, no sólo de nuestra mortalidad y de la de las personas que nos rodean, sino de la “mortalidad” del tiempo, de la impermanencia de todo lo que surge y cesa.

    Si esto te tocó de cerca, más que lo anterior, puedes darle mayor énfasis en tu práctica. Escribir tus notas de anticipación (si no escribes, anticiparte mentalmente) sobre la posibilidad de que hoy sea el último día, pero también sobre la REALIDAD de que este día que está corriendo es, en sí mismo, como tal, el último. Ya no habrá en nuestras vidas ningún otro 23 de noviembre de 2020. ¿Podemos ser plenamente conscientes de eso?

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