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  • #15329
    Sofia
    Participante

    PRIMAVERA
    Mi abuelo materno fue un hombre muy moderno, adelantado en su época, ateo y anarquista. Era de su opinión que perforar las orejas a las niñas era propio de gente incivilizada y por eso ni a mi hermana ni a mí nos pusieron pendientes. Nunca conocí en esa época a ninguna otra niña con esa característica. Eso, añadido a un pelo siempre corto y mi gusto por los pantalones hizo que con frecuencia me confundieran con un chico lo cual me agradaba mucho y me permitía la ilusión de ser el varón que mi padre siempre deseó. Los abuelos paternos eran de un pequeño pueblo de la España profunda. Mi abuelo se distinguió por ser íntimo amigo de un gran poeta de la generación del 36, siendo él mismo considerado como poeta menor. Fue un hombre melancólico y frustrado en sus anhelos por la guerra y la posguerra y que fue alcohólico durante una larga década falleciendo de un infarto a los 59 años (literalmente con el corazón roto). Su mujer, mi abuela, no tenía nada que ver con el espíritu inquieto de su esposo. Ella fue profundamente creyente, casi analfabeta y me consta que no demasiado buena persona. No creo que todas esas influencias pesarán demasiado cuando mi padre decidió adherirse a una secta que nos llevó a toda la familia por la calle de la amargura. No fue fácil vivir eso en la época franquista donde un catolicismo rancio reinaba. Incluso en la escuela laica nos obligaban a los rezos y ofrendas a la Virgen. Mi infancia fue marcada por el maltrato en casa y el ostracismo en la escuela. Aún con todo me tocó el rol de “fuerte” sobre todo en relación con mi hermana mayor, llena de miedos y angustias y mi hermano menor delicado y frágil que no correspondía a las expectativas de nuestro padre. Llegué a la adolescencia malherida y desilusionada, con muchas dificultades en lo social y una grave desgana por la vida que me llevó al intento de suicidio y a varias fugas del hogar familiar.
    VERANO
    A los 19 años decidí viajar a Francia para aprender el idioma y allí conocí a mi primer marido y a su familia que me aportaron todo el calor y la comprensión que tanto me habían faltado. Mi juventud fue marcada por la maternidad. El nacimiento de mi primer hijo con apenas 22 años me otorgó confianza en mí misma y me devolvió el gusto por la vida. Vivimos con mi marido durante 4 años en África (Gabón), donde nació mi hija. Allí nos separamos y yo volví a Francia con mis dos retoños de entonces 4 años el uno y 8 meses la otra. Cuando las cosas empezaron a ir muy mal con mi ex, decidí volver a España e instalarme en el campo con el que soñaba desde la infancia (me fascinaban los relatos del pueblo de mi padre, la vida libre de los niños, los bosques, los pájaros, los riachuelos). En ese lugar campestre conocí al gran amor de mi vida con el que tuve un hijo y viví la época más feliz y próspera de mi vida. Construimos nuestra casa y creamos un negocio. Reconozco ahora que quizás no era la persona ideal para mí. A pesar de tanta actividad, en los momentos de ocio me aburría soberanamente con él, quien gustaba de conversaciones anecdóticas y no era amigo de profundizar en temas más relevantes. Un día, al cabo de 6 años de convivencia llegó diciéndome que se había enamorado de otra mujer. Eso me causó un dolor indescriptible. Aunque no llegó nunca a consumar ese amor, (porque no fue correspondido), yo no supe encontrar el camino de la aceptación y pacificación y lejos de una actitud estoica entré en una época muy oscura de mi vida.
    OTOÑO
    Entré en un laberinto del que no sabia salir. Me encontré con una persona -yo misma- desconocida para mí, a la que consideraba mezquina y a la que juzgaba duramente. Ahora considero probable que mi herida ya estuviera ahí y que mi pareja solo hiciera que poner el dedo en la llaga. Posiblemente se tratara de una profunda y antigua herida de infancia, de desamor y rechazo de mi padre. Pasé 5 años en un tira y afloja, con intentos de reconciliación y dándome cuenta que realmente no deseaba volver con esa persona. Por otra parte no podía soportar cuando él tenía alguna novia o amiga especial. Apenas empezaba a ver el final del túnel cuando repentinamente él falleció de un infarto, dejándome con mucha culpa y un hijo de 12 años. Mis hijos mayores ya se habían independizado y para que no estuviéramos el pequeño y yo tan solos decidimos tener una niña en acogida temporal que se quedó 4 años con nosotros. Mi hijo vivió una adolescencia muy dura y difícil arrastrando un duelo mal gestionado. A esta época tengo que añadir el profundo dolor que me causó el suicidio de mi hermana, que realmente me hizo tocar fondo. Ese periodo otoñal fue una época de despedidas, de muertes de personas queridas incluyendo madre y padre. Época de grandes aprendizajes y el más importante: la aceptación de lo que es.
    INVIERNO
    Sin duda la mejor época, donde supe encontrar los lugares y las personas con las que quería ser, estar, sentir y vivir. Contentamiento, armonía, paz, amistad y amor me acompañaron hasta el final de mi vida.

    #15342
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Has un hecho un gran proceso en este taller, y este texto, este magnífico texto, es el broche de oro. Cada arco de vida es distinto; algunos parten de infancias más o menos felices, luego conocen el dolor y eventualmente recuperan más tarde la alegría o, al contrario, la suma de los años no hace sino hundirlos más. Pero en tu caso es un camino que va del dolor al amor, de la confusión a la claridad, y lo que aprecio particularmente del texto es el tono, no me refiero sólo a la precisión y la calidad de la escritura, que es muy buena, sino a un tono que no cae en sentimentalismos, que no niega el dolor pero tampoco se regodea en él ni exacerba los momentos felices, a modo de compensación. Esto es lo que permite ver que las líneas finales sobre el invierno son genuinas, porque, más allá de lo que cuentas, la manera, valiente y ecuánime de hacerlo, habla de tu crecimiento por sí misma.

    En fin, que te felicito mucho por todo lo que has escrito aquí y muy especialmente por este ejercicios, en el que lograste abarcar tu vida en pocos trazos y hacerlo con enorme honestidad y destreza.

    Te envío un afectuoso abrazo y mi gratitud por el apoyo que me has dado difundiendo los cursos. Si puedes y quieres dejar un review de este taller, estaría muy bien.

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