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  • #12857
    Lorena Carrillo
    Participante

    El primer paso fue elegir una ventana. La que daba al Saleve era muy tentadora: ámplia. El haz de luz que inunda la recámara cada mañana. El monte exuberante, verde y frondoso que acompaña durante el día mientras grabo, el sol, el timbre de mi voz. A un costado, la catedral, la filigrana verde pálido de la aguja atravesando el azul del cielo. Detrás de la catedral está el lago: mi propio lago de los espectros, frente al cual me siento a meditar mientras tomo un baño de sol, la primera actividad del día, emprendida religiosamente. Es más bien un pasatiempo, un deleite que me permito. Atman. Paz. La sensación de existir, la consciencia despegada del bullicio habitual de mis pensamientos.
    No elegí la ventana del Saleve, sino la del lado contrario. Esta observa los patios de los edificios vecinos. Una ventana más íntima para vaciar la pluma, para escribir de mí. Estos días suelo escribir de noche. Por esta ventana se alcanza a asomar la luna. La Luna, aquel rector cíclico, marcapasos de humores, de las micro-estaciones que me envuelven en el vaivén de su oleaje, las olas que vuelcan al compás de la luna. Micro-estaciones de paz, de manía, de torpeza, de malva.

    Hacer tierra
    Vivir en un depa alfombrado contribuye a mi acrecentado placer por sentarme en el suelo. Últimamente me fastidio de la silla y ella de mí. Se endurece, comienza a rechazar mi espalda y yo salgo disparada, indignada, presa de un deseo de tirarme al suelo, de deslizarme en una secuencia de yoga, de hacer tierra, de meditar.
    Los últimos huesecillos de mi columna se funden en la superficie de la alfombra, aliviados. Libres. La ola turbia de pensamientos en pesares y dichas comienza a aclararse. Inspiro. El aire recorre el laberinto dentro de mí.

    El confinamiento me ha echado en cara el inmensurable valor de los vínculos con otros seres humanos. Un balde de agua helada. Un golpe justo en el hueso prominente de la rodilla, discreto pero precisamente ahí. De esos golpes que hacen que te aguantes el aire. Una medusa que te mira de frente a la cara como la crisis existencial o la pregunta irresuelta por el sentido de la vida que te parte como un rayo en medio de la nada, cuando menos lo esperas, bocanada de aire en mano.
    Todo eso ha sucedido en esta cuarentena mientras por las tardes me siente frente a la ventana, la “más privada” y contemplo los almohadones de nubes azul grisáceo adornadas por pinceladas de viento, recuerdos tras la tormenta. El sol se abrió paso como lo hace una y otra vez. Nada dura para siempre. No puedes sentir-te así/estar/ser por siempre. La reconfortante y amenazante volatilidad. Las nubes, te decía, con su insoportable levedad -guiño- parecen haber bajado a saludar y rodean los edificios con una extraña cercanía, con una atrevida familiaridad.

    Al meditar me gusta hacer nudos con los Om: una hilera constante que me une con todas las demás, previas y del porvenir, infinitas versiones y tiempos de mí. Cada vez que ato un nudo los re-vivo todos a la vez.

    Hoy ya ha oscurecido al escribir desde la ventana. El cielo negro, no hay luna, sólo está Venus.
    El primer pensamiento es muerte, vinculada en nuestra sociedad a una idea de dolor, de pérdida. Uno no suele darse cuenta cuando se está frente a una última vez: ver a un amigo o a un familiar, escuchar su voz, verte reflejado en los ojos de alguien, abrazar a otro ser humano, sentir la luz del sol. A pesar de lo mucho que le temo, recientemente he pensado cada vez más en la muerte. Inexorable.

    Hoy pensé en la escritura, en que no quiero dejar de escribir. Durante años había tenido el deseo de tomar la pluma. Me intimidaba. ¿Qué hace a un “buen escritor”? Antes me preocupaba ser demasiado prosaica, ahora lo disfruto y punto. Un espacio para dejar ir la mente y que las ideas se vayan forjando a la velocidad de la pluma. Quizás siga tomando cursos de escritura, buscando pautas a través de la lectura de otros, inspiración para ser más creativa.

    Necesitaba tiempo para mi. La caminata de hoy fue más bien una meditación activa de la mano del río. Luego me senté en un roca y me quedé mirando al abismo. Sin hacer nada, simplemente quise ser. En el confinamiento un día engulle a otro, las horas no dura, el tiempo se pasa intempestivo. Un remolino que arrastra mientras yo intento,en vano, mantenerme pie.

    #12862
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Tengo que decir que no he encontrado aquí la ventana. Entiendo que el ejercicio se presta a un libre flujo, y que es, en el fondo, una simple excusa para escribir, pero al mismo tiempo persigue un cierto propósito, la posibilidad de un cierto tipo de contemplación y eso se ve oscurecido cuando hay demasiado énfasis en Escribir, así, con E mayúscula. Echo en falta esa observación donde el observador, de alguna manera, desaparece, y entonces se revela el mundo, algo simple y maravilloso del mundo, tal como es. Tú escogiste, y es perfectamente legítimo, escribir aquí un diario privado, que podría responder a la idea de una ventana más privada, pero me parece un desafío más interesante (por motivos quizá muy arbitrarios, pero también por motivos de orden filosófico) darle la voz a una ventana más amplia. Por ejemplo, cuando te sientas en la roca y miras hacia el abismo, no siento el abismo. Tampoco siento las nubes tras la tormenta, porque la descripción está demasiado enfatizada, busca ser demasiado “poética” y eso juega en contra de la expresión, se vuelve una distracción en detrimento de lo que se quiere comunicar. Por eso digo que no he encontrado la ventana. Me parece importante decirte esto, aunque pueda sonar áspero. Tú tienes una obvia facilidad para la escritura, eso es bueno, pero puede jugarte en contra, y mi impresión es que aquí ha sucedido eso. Obviamente, puedo equivocarme en relación a tu intención, pero es la impresión que me deja y sería un error no expresarlo.

    • Esta respuesta fue modificada hace 4 años, 1 mes por Gabriel Schutz.
    #13057
    Lorena Carrillo
    Participante

    Hola Gabriel,
    Te agradezco tu sinceridad. La verdad es que también tengo la impresión de haber tomado este ejercicio como un diario personal. Me costó mucho trabajo mirar hacia afuera realmente a lo largo de el, justo porque últimamente he estado muy ensimismada. Quisiera probar hacerlo otra vez ahora que mi estado de animo lo siento un poco distinto.
    Me está costando trabajo pensar y escribir el próximo ejercicio, sobre los diferentes puntos de vista, ¿algún consejo?
    de antemano, gracias,

    Lorena

    #13068
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Hola, Lorena.

    Entiendo lo que comentas sobre el estar ensimismada. No te preocupes, aquí no hay ni bien ni mal, sólo estamos experimentando y utilizando la escritura como un medio para poder observar ciertos aspectos de nosotros mismos.

    Sobre el ejercicio que sigue, ¿qué es lo que te está resultando difícil? ¿Escoger la situación? ¿Meterte en la “piel” de los personajes que se vieron envueltos en ella? Trata de identificar dónde te sientes bloqueada.

    Algo que puedes hacer es mirar el modo como otros han hecho ese ejercicio. Métete en el foro de la semana correspondiente y date un paseo. Hay ejercicios más inspirados que otros, pero te pueden dar ideas.

    Por aquí sigo.

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