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  • #12698
    Lorena Carrillo
    Participante

    “Superyó”

    El centinela está ahí. Siempre. En la penumbra.
    Justo cuando estás recobrando el sueño: párpados pesados, el desliz reconfortante… te zumba en el oído, su chirrido rasga la sábana, un relámpago ciego, justo cuando tus ojos empezaban a leer a través de la penumbra. Embiste con mil reclamos y la silueta maligna de su sonrisa te vocifera casi inaudible “sabes que tengo razón”.

    El superyó: el espectro, fantasma, llámalo como quieras, aquel que no se larga. Que está siempre ahí, ni siquiera oculto bajo la sombra, sino ahí a plena vista, le da igual si lo tengo identificado, sabe que una gran parte mi lo apoya.

    Un sueño, elaborado en pleno análisis, ilustra muy bien a este personaje:
    Habiendo tres sillas en el sueño, la primera es para el espectro, las otras dos para el yo y el ello.
    Su majestad se sienta en la silla más ostentosa, de mármol y ¿porqué no? también con oro y terciopelo. Mientras el yo se sienta en una silla firme y modesta y el ello tiene una de esas sillas enclenques de playa, hecha con un vil marco de metal y de malla, dispuesta a tambalearse en cualquier momento. El material de las sillas no es suficiente. No. Hay que resaltar aún más la diferencia. Pongamos tarimas: una para alejar un poco al yo de aquel loco, para que no lo arrastre consigo entre sus torbellinos habituales. Y otra, exageradamente alta para que su alteza real pueda mirarlos a ambos tranquilamente y con desdén, en medio de la pirámide. La trinidad.

    Espectros: temores “sutiles” latentes. En el fondo o más bien en la eterna superficie de nuestra mente, siempre acechando, preconscientes, listos para lanzar un zarpazo cuando menos te lo esperas o tal vez cuando más duela, total, para ellos da igual.

    El segundo más grande. El temor a no ser suficiente:
    Suficiente-ment lista, capáz, bella, interesante, inteligente, fuerte, linda ( y volvemos a lo mismo, lo suficientemente amable).
    Como si una planta de pronto no fuera lo suficientemente planta, ¡carajo!
    Soy lo suficientemente humana, punto.

    Pero aún así no es lo mismo. Lo cual me lleva al tercer temor: no haber vivido lo suficientemente bien. ¿Cómo aseguro haber dedicado bien cada respiro, cada instante?
    Viviendo en el presente sin tirar por el borde el futuro,
    futuro que nos engulle cada segundo.

    ¿Cómo vivir de tal modo que un instante antes de morir me pueda soltar, sabiendo que viví bien? ¿Cómo forjarme un sentido de la vida lo suficientemente sólido para que me sostenga?

    No lo sé.

    #12709
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Un gran analista, no muy querido (ni comprendido, a mi parecer) en los círculos analíticos, Carl Gustav Jung, escribió en algún lugar algo así como: “Lo que intento mostrarle a mis pacientes es qué los sostiene cuando nada los sostiene”. Esta declaración se acerca tu pregunta final, a tu importantísima pregunta final. ¿Qué te sostiene cuando nada te sostiene? Claro, eso implica la posibilidad de habérselas con la nada. Pero no tenemos que llegar tan lejos aquí.

    ¿Qué sostiene a tus espectros? ¿Qué les permite tener ese poder sobre ti? Observa esto: más allá de tu indudable talento literario, por lo tanto, de tu gusto por desarrollar figuras del lenguaje, en todo momento hablas de tus espectros como si fueran entidades reales y, sobre todo, separadas de ti, con voluntad propia, como en aquellos cuentos del siglo XIX en que la sombra del personaje lo abandona y hace su propia vida. “Listos para dar un zarpazo cuando menos te lo esperas o tal vez cuando más te duela, total, para ellos da igual”. ¿Puedes ver lo que esto supone?

    Si tú concedes esto, te asumes separada de tus espectros, y por lo tanto, impotente. Pero esto es simplemente falso. Tus espectros no son autónomos, por la sencilla razón de que si tú desapareces desaparecen tus espectros. Investiga la posibilidad de integrarlos, en lugar de separarte de ellos. Asume que son manifestaciones de ti. No se trata ni de rechazarlos como cosa ajena, ni tampoco de identificarte con ellos como si fueras ellos. Las dos posiciones son falsas.

    Si los rechazas, los empoderas (detesto la palabra, pero ahora no encuentro una mejor). Es el caso de Jekyll y Mr. Hyde. Jekyll es de día un hombre probo, virtuoso, un ejemplo humano y profesional. Es incapaz de hacer daño, rechaza de sí todo impulso oscuro. Por eso, por la rigidez de su posición, en la noche su extrema virtud se vuelve extrema oscuridad, y su “sombra”, Mr. Hyde, lo avasalla. De otro lado, identificarte con tus espectros conduce a lo mismo, porque tú no eres tus espectros, pero tampoco eres algo separado.

    Integrar significa poder asumir que son manifestaciones circunstanciales, momentáneas de tu conciencia, y darles el espacio para que se manifiesten, sin rechazarlos y sin alimentarlos, observándolos, en cambio, con lucidez. Viene el superyó, pues bien, es tu superyó, es parte de ti, deja que venga a hacer lo que tiene que hacer, obsérvalo, deja que se manifieste, velo aparecerse, sin la menor traza de aversión; eso es tu mente surgiendo y nada más. Pero tampoco te identifiques con esa aparición al punto de créertela como algo más que una aparición de tu mente. Lo mismo en relación a la sensación de insuficiencia.

    Explora esto a ver cómo te va.

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