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  • #15459

    Dice un dicho popular que cuando el gato no está, los ratones hacen fiesta y es verdad, porque cuando dejó de trabajar o hacer algo, los ratones que habitan mi mente se ponen a bailar, danzan entre ellos con una coordinación perfecta que en ocasiones me hacen sentir que no los podré detener nunca. Son cuatro, hay un vigía de dolores corporales y situaciones catastróficas que ocurren alrededor, parece tener muchos ojos como Argos puede darse cuenta del dolor de un dedo y también de dolores de órganos como el hígado, la vesícula, los ovarios, los riñones, incluso el corazón; el problema es que no solo observa, roe el dolor o la sensación y emite un diagnóstico, por supuesto catastrófico, dice cosas como que dichos dolores son síntoma de cáncer, diabetes, hipertensión, parálisis facial, infarto, trombosis y por supuesto covid, no dice más porque no se ha documentado. Todos los días y en cualquier momento el vigía catastrófico manda una alerta, porque el cuerpo no para de sentir, así cuando nadie me ve, escucho su voz y lucho por callarlo y encontrar razones que me den calma ante los terribles diagnósticos que me producen, miedo, angustia y estrés. Aquí damos la bienvenida a los gemelos Fobos y Deimos, estos se encargan de que sienta miedo, me paralice y poco después sienta horror por lo que viene, por algo que no ha sucedido y no sé si vaya a suceder, me fugó del hoy y viajo a un futuro desértico, doloroso, horrible, apocalíptico y para entonces estoy agotada, profundamente agotada, apenas si lo reale hace volver, mis obligaciones, un pleito entre mis hijos, un ruido y me siento tan estúpida de sufrir por anticipado y sin ninguna razón que lo avale. Ahora el terreno está fértil para que venga roer Orfeo, se llama así porque está condenado a ver historias tristes, por mirar atrás. Cuando se puede ver la luz y estoy a punto de salir de la cueva, vuelvo atrás, no por desafiante ni desobediente, simplemente para ver si quien amo está bien y va a salir conmigo, por impaciente, por creer que puedo salvar, cuidar, guiar, lo único que hago es quedar atrapada atrás, donde no dolía nada ni tenía otra responsabilidad que no fuera estudiar, no había miedo, no había ratas eni cabeza. Finalmente danza con ellos Bartherby, el acidioso que ha perdido sentido y me hace decir que preferiría no hablar de él. Así es como día tras día mi cerebro es carcomido por estos espectros mientras yo intento como Sísifo llevar la piedra a la punta de la montaña, una vez más.

    #15563
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Perdón, Sandra, apenas ahora veo este texto. No sé por qué se me haya traspapelado.

    Rescato, en primer lugar, un cierto humor en los nombres de los espectros-ratones.

    Habiendo leído ya tu último y penúltimo ejercicio, aquí veo con claridad estos espectros del miedo y la tristeza. Los dos afectos comparten algo: la suposición relativa a un mal; en el caso del miedo, es un mal futuro, en el de la tristeza, un mal presente. Por supuesto, ambos están íntimamente relacionados, pues la perspectiva de tener males en el horizonte empaña el presente y, por así decir, no lo deja “respirar”; entonces sobreviene la huida al pasado. O quizá la huida sea, de suyo, la que deja desprotegido el presente.

    La gran pregunta aquí es dónde está el gato y qué o quién es ese gato. ¿Por qué está tan ausente? ¿Acaso no es su PRESENCIA lo que disiparía la llegada de estos indeseables visitantes? En suma, quizá haya que traer al gato, convocarlo. Creo que puedo ayudarte con eso si deseas iniciar un proceso más allá de este taller.

    Reitero mis disculpas por haber leído tarde este texto, no sé bien cómo fue que se me pasó.

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