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  • #11826
    Akirè zeràus
    Participante

    Día 1

    I. […] Quizá la narrativa de nuestra vida se constituye a partir de instantes que van accidentando el sentido-destino.

    Día 2

    I. Ojalá pudiéramos obsequiar certezas de cumpleaños; y así, para lo que resta del año, saber, por ejemplo, que nuestra estadía en la tierra va valiendo la pena.

    II. También podríamos obsequiar un tipo especial de tiempo; Así, por ejemplo, cuando alguien se encuentre dolido, y necesite curar con tiempo sus heridas, pueda recurrir a las dosis de tiempo que ha recibido en su cumpleaños.

    Día 3

    I. Miraba mi mano apresurarse con sus dedos largos para ordenar las palabras. Y pensaba:
    II. Los humanos son demasiado rostrocéntricos; olvidan que los árboles se conocen por sus frutos, y que desde ese sentido, deberían valerles más las manos.
    III. Al final de la tarde, la tinta se me había agotado y un impulso me llevó caminando hasta un jardín llamado “la mano”; El ambiente sabía-a-armonía/ sabia-armonía, y hasta me enamoré fugazmente de un nuevo muchacho.

    Día 4

    El enamoramiento no fue tan fugaz como esperaba. Al parecer, la fugacidad puede extenderse a cortos plazos. La idea de aquel muchacho me mantuvo despierta hasta las tres de la mañana. Al amanecer, noté que en realidad no sabía su cara, y cuando esperaba en los andenes, miré mi celular y en mi feed de Instagram encontré una foto suya. La foto suya estaba en un perfil que no era de él, —una cuenta de libros que yo había venido siguiendo desde hace algunos meses—. En esa publicación mencionaban su cuenta, y en su cuenta él mencionaba un blog, y en su blog él decía: “[…]quiero tener certezas como ejes[…]” y yo tan sólo pensaba en obsequiarle una certeza de cumpleaños.

    Día 5

    Resistencia

    Por cierto, muchas gracias por la respuesta anterior. Procuraré identificar cuándo comienzo a auto-censurarme.

    #11827
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Es un texto lleno de ideas (¡cómo era que pensabas dejarlas de lado!) y vasos comunicantes entre sus distintas partes, como si fueran túneles secretos; al mismo tiempo, es sensible y sensual. Algo especialmente interesante aquí es lo que C. G. Jung llamaba “sincronías”. Todo parece girar en torno a un eje que oscila entre la certeza y la incertidumbre, y, ¡oh, sincronía!, el muchacho entrevisto en el jardín viene a formular eso de manera explícita y sucinta, a través de su blog: certezas como ejes.

    Sin embargo, por qué habría que tener certezas para que la vida fuera “valiendo la pena” (así como lo pusiste tú, en gerundio, en su devenir). ¿No es lo incierto de la vida lo que la hace admirable, deslumbrante? ¿No es el no-saber, más que la certidumbre, lo que permite el asombro, el hallazgo? ¿Tenías certidumbre tú de que ibas a enamorarte de un muchacho al ir a ese jardín? Creíste saber que la impresión sería fugaz, y ese presunto saber se vio defraudado, y en ese defraudamiento te sorprendiste encontrando algo inesperado: palabras que te resonaban, de un muchacho que te resonó, a pesar, precisamente, de no haber sabido su rostro. Porque es ese no saber el que impele a buscar (como decían Platón y Aristóteles, al referir que la filosofía nace del thauma, el asombro del no saber, de la propia ignorancia, que origina el deseo de saber).

    Tampoco sabemos nada sobre el sentido-destino de nuestras vidas. ¿Hay uno? ¿Es el cuadro que dan los accidentes? ¿Sólo hay accidentes? Es verdad que tú no hablas aquí de la vida como tal, sino de su narrativa, pero aún así…

    Pero volviendo al curioso gerundio: “va valiendo la pena”. ¿Cómo podría ser que el decurso de algo, como propone la conjugación del gerundio, el ir atestiguando el valor de lo que nos pasa, pudiera depender de algo futuro, que escapa a ese ir transcurriendo? Yo creo que cuando se vive en gerundio, por así decir, la inmersión en el flujo del tiempo es tal que el futuro no cuenta en lo más mínimo, y da igual si hay algo cierto, si el oráculo dijo que vale le pena vivir o no: es la experiencia misma la que lo declara, por su propia vivacidad, en ese preciso desenvolverse.

    Tenemos, sin embargo, una certeza inequívoca: vamos a morir. Eso debería ser suficiente para vivir nuestra estancia en la tierra en un gerundio valioso.

    Sigo por aquí. Felicidades por este precioso primer texto.

    #11828
    Akirè zeràus
    Participante

    Wow. Gracias por la bella respuesta.

    Me quedaré reflexionando la idea vivir nuestra estancia en la tierra como un gerundio valioso.

    Nos estamos leyendo.

    saludos.

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