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  • #15394
    javier
    Participante

    Convocar a los espectros. No se les ve de reojo pues ellos se apoderan de nuestros ojos. No se les toca pues ellos nos habitan, nos mueven. Arrojarlos a un lago. Quizás tendría que sumergirme y aflojar desde el fondo, al menos del agua, sus lazos, los nudos.

    La exigencia de logro, de valía y la falta de satisfacción propia. Eso no es un motor, es un instrumento de tortura. El no ser suficiente es un remolino, hay que bastarse a sí mismo, no desde la soledad sino del tejido de los vínculos, encontrar como anudarlos es la invitación.

    El orden y los cuidados, la incompatibilidad de ambos proviene de una fragmentación previa, el cuidado de sí mismo requiere de una reorganización, otro orden. Si poco a poco una cuchara nos acompaña en la sopa dejará de ser un instrumento funcional y se convierte en una parte del florecimiento conjunto.

    Lo masculino y lo femenino. Es una gran transformación. La polarización sin embargo esconde nuestra vulnerabilidad. Soy masfemenino y soy femasculino. No es solo un juego de palabras, es un juego que me recorre.

    Cuáles son los espectros sutiles. En dónde están. En el cuerpo. Están cuando tengo indecisión con el dinero, con las responsabilidades, con lo no dicho, con el querer vivir en otro lado, con los puntos de fuga.

    El estar presente es cerrar puertas, no se puede tener todo entreabierto porque no se mueve a ninguna parte, todo inmoviliza, hacerse umbral, desde los claros oscuros, con la propia monstruosidad, con el verde frío de las gotas de la llovizna, con los nidos vacíos, con la sangre latiendo.

    Todo esto es general, lírico, los espectros están ahí, pero en su forma bruta requieren de un grito, de sacudirlos, la escritura los acaricia, la meditación les arroja una capa fina de polvo, qué ganas de abrir las entrañas y leerlas, quizás un sueño, u otra fuente de luz los disipe. Pero lo general toma cuerpo también, poco a poco. Ahora cada vez que los vea, los tomaré de la mano, seré junto con ellos, hasta que nos vayamos alejand(r)o.

    #15395
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    ¿Falta algo aquí y ahora? Esta es una pregunta importante que suele hacerse en la tradición del budismo zen. ¿Falta algo en este preciso instante? ¿Qué? ¿Por qué? ¿Para qué?

    ¿Falta, aquí y ahora, logro? ¿Qué logro? ¿Con qué fin?

    ¿Falta virilidad? ¿Falta femenina receptividad? ¿Para qué?

    ¿Falta orden? ¿Dónde?

    En un sentido muy concreto, el estar presente, plenamente presente, hasta donde sea posible, es apertura más que clausura. Apertura a lo que es, a lo que toca, tal como es, tal como toca, sin voluntad de manipular nada ni hacer algo con ello. Aceptarlo, no por una pasiva resignación, sino por el simple hecho de su ser-así: dejar ser. Quizá en esto estribe la alquimia, que creo entrever en tus palabras, del nudo al umbral. ¿Cómo se deshacen los nudos? Y sobre todo, ¿cómo se HACEN los nudos? ¿Qué son? Tengo para mí que sólo son condicionamientos; deshacerlos es romper el condicionamiento. Te enviaré un texto, por otro medio, sobre este asunto. Quizá te sea de ayuda.

    La idea de umbral es fecunda: todo instante es, quizá, un umbral, una posible salida, pero no en calidad de fuga, sino, paradójicamente, en calidad de entrada. Un umbral para entrar a ese no-lugar donde nada falta y nada queda por hacer:

    “Quien practica el Sentido (Tao)
    lo ve reducirse cada día.
    Se va reduciendo y reduciendo,
    hasta llegar al No-hacer.
    No hace nada, y nada se queda sin hacer”.

    TAO TE KING, XLVIII

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