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  • #15748
    Román Ochoa
    Participante

    Alguna vez en terapia psicológica, la psicóloga me recomendó platicar con mi padre para preguntarle cómo había sido su padre con él. En esas platicas descubrí que varias acciones que mi padre ejecutaba habían sido heredadas de su padre. Aunque yo esperaba que la respuesta de mi padre, ante ciertas situaciones, fuera diferente, por lo menos ahora comprendía que él vivió algo similar y podía imaginar su posición y sentimientos. El rechazo que sentía hacia él, comenzaron a disminuir y ahora lo que quería era saber más sobre cómo vivió su infancia y adolescencia. El cambio de horario escolar ya no coincidía con la hora de traslado que mi padre hacía su trabajo, y esos minutos en que podíamos estar juntos hablando ya no los buscamos en otro momento del día. Me gustaría seguir escuchando a mi padre platicar de su infancia y este ejercicio me ha vuelto a motivar, sobre todo porque he hecho consciente que en muchas actitudes me parezco a él.

    Sin embargo por ahora tengo a mi madre cerca y a quien le puedo preguntar sobre su vida y tratar de ver su ethos.

    A los 5 años de edad, por encargo de su madre, ya era responsable de cuidar a su hermano menor en turno, y la historia se repitió cada ciertos años con la llegada de tres hermanos más. Si bien tenía una hermana y un hermano mayor, en quienes podía caer la responsabilidad de cuidados, tenían caracteres más rejegos que los salvaban de este tipo de mandatos.

    “Como eres mujer no vales nada, si te mueres no se pierde nada” esas palabras eran descargadas por su madre cuando realizaban labores domésticas. Tal era la resonancia de esas palabras que cuando recibía palizas de sus padres por haber realizado algo que les disgustó, entraba como en un trance en el cual no sentía los golpes y se repetía a ella misma que no importaba si moría que era mejor que estar viva.

    Aunque este tipo de afirmaciones guiaron su infancia, en la adolescencia tenía en mente sueños que quería lograr. Y ante la negativa de su padre de que estudiara la secundaria ella se las arregló para trabajar y dar dinero en su casa, acciones a las que estaba obligada, y para poder comprar los materiales que le pedían en la escuela.

    A pesar de haber vivido una infancia en la que tuvo que soportar mucho dolor, a mi madre la caracteriza una bondad y amabilidad desbordante que demuestra, principalmente, en hacer, dar y compartir comida. Le pregunté si sabía por por qué mostraba de esa forma su amor, a lo cual respondió que tal vez era porque su madre invitaba comida a las personas que llegaban a su casa. No importaba que los alimentos fueran escasos, podía invitar un poco. Eran momentos en los que observaba que su mamá se mostraba amable y no estaba enojada o gritando como lo hacía la mayor parte del tiempo.

    La administración del dinero en casa siempre ha tenido como prioridad la comida, y a excepción de algunas temporadas adversas, ha sido abundante. Esta visión es algo que me ha heredado, comer siempre ha sido algo que priorizo cuando no estoy en casa. Y compartir los alimentos es algo con lo que muestro amor o aprecio hacia las personas.

    Esa amabilidad que la caracteriza a veces ha sido una puerta para que algunas personas puedan sacar provecho. En las diferentes actividades que ella realiza como dar terapia de masajes o coser, pone esmero y dedica el tiempo necesario para que el producto o servicio salga bien, pero a veces las personas como ya conocen que es muy dadivosa, piensan que no hay problema si no le pagan. Si bien mi madre lo permite y no le importa que a veces no tenga retribución, los vuelve a aceptar para proporcionarles el servicio y el ciclo se repite.

    No considero que yo tenga la amabilidad y bondad que ella tiene, pero también me he visto en situaciones en las que algunas personas han sacado provecho de mi trabajo. Por ello me he percatado de que me veo dentro de dinámicas muy parecidas a las que ella vive.

    #15751
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Muy buen trabajo, Román. Es interesante que, antes de hablar de tu madre, hayas dedicado unas líneas a tu padre, como si quisieras cuidar mucho la ecuanimidad en este sentido.

    Encuentro que el arco de vida de tu madre está bien representado y que has conseguido establecer algunas herencias, como bien dices, significativas. En el texto, describes con cierta neutralidad el hecho de que tu madre no reciba retribución y aun así acepte a estas personas, dices que a ella no le importa, pero me pregunto si es realmente así. Por lo que has relatado de su vida, tengo más bien la impresión de que esa dura infancia, donde sufrió humillación y desprecio, han hecho que ella misma no valore lo suficiente su trabajo como para defender su valor. Quiero decir con esto que quizá no es que no le importe, sino que simplemente no puede reivindicar el valor de lo que hace y no es consciente de ello. Dicho esto y, como observas que a ti te sucede eventualmente lo mismo, creo que vale la pena que te preguntes qué es lo que está detrás de esas dinámicas que también se dan en ti y que, según observas, son muy parecidas a las que envuelven a tu mamá. ¿Tiene que ver con no valorar suficientemente tu propio trabajo? ¿O con considerar que, aunque tenga valor, nadie será capaz de verlo? Estas preguntas pueden ser reveladoras.

    Muy buena investigación.

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