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  • #10842
    LilianaLiliana
    Participante

    ¿Qué onda con el apego con los animales? Sí les puedo tener cariño, los respeto y no permito que nadie los maltrate. Si tengo una mascota, la cuido y procuro que tenga todo lo que necesita. Pero eso de que haya gente que los considere como de la familia, de verdad no lo entiendo. Les compran ropa, juguetes y hasta carriolas, les hablan… ¡cómo si les entendieran! Los animales son animales, no personas y cuando conviven con uno tienen que ser educados para respetar el espacio que no es de ellos. Son inteligentes y pueden entender lo que tienen permitido hacer y lo que no. Cuando no lo hacen, no es culpa de ellos, sino de los dueños desubicados. A ese tal Kratos lo conocí desde cachorro, la verdad nunca me hizo mucha gracia, pero cuando iba de visita tenía que condescender con él, hasta lo acariciaba. El problema fue cuando comenzamos a vivir juntos. Lo único que hice el primer día fue hacerle entender que no iba a compartir mi cama con él, pero se pasó de listo con los arañazos en mi cabeza a media noche. Y ella, en vez de ponerse de mi lado, se carcajeó y lo excuso diciendo que era normal, que estaba celoso. Luego el brazo, igual hago un Photoshop en Serengeti entre los tigres para que cuando me pregunten qué me pasó, no tenga que decir que fue el tal Kratos. Era un hecho, íbamos a vivir juntos al menos unos 10 años más pues sólo tenía 2 cuando llegué. Fui paciente, nunca lo agredí, sólo fui firme y funcionó por algunos años, pero de pronto volvió a las andadas y me empezó a dejar “regalitos” casi diario. En serio, ya no lo aguantaba, pero yo no pedí que se fuera, ella lo decidió.

    Cuando conocí a Kratos, era un bolita de pelos. Siempre fue hermoso, tenía unos ojos azules y un porte increíble. Recuerdo que le hice varias fotos y el posaba como si supiera. Lo dejé de ver mucho tiempo, hasta que me ofrecieron quedarme con él. Lo dudé bastante pues siempre le tuve alergia a los gatos, pero quizás era una forma de seguir cerca, de tener algo en común y además pobre, no tenía a dónde ir. Llegó en paquete, con su hermanita Flora. Al principio, le costó un poco de trabajo adaptarse, así son los gatos, pero al final, fue cuestión de tiempo. Era un animalazo increíble, muy inteligente y sumamente cariñoso. No puedo entender cómo es que él no logró entablar una relación empática con Kratos. Lo cuidé lo mejor que pude, pero empezó a enfermarse, primero las piedras en los riñones, las operaciones y luego la bolsa que se tragó. Al final, según el veterinario era un virus que ya traía y se le activó. Yo no tomé la decisión solo. Fue muy triste que se fuera así y para no extrañarlo tanto, conseguí a Mateo y luego a Frida. Ahora en casa, somos cuatro.

    Sí puedo entender que uno deposita carencias en otros y los animales no son la excepción. Bien lo decía Freud, el objeto del amor es lo más contingente que puede existir. Yo no pasaba por una buena racha cuando Kratos llegó a mi vida y tal vez lo humanicé de más, lo mejor de la relación fue que él lo aceptó y respondía tan evidentemente a lo que yo necesitaba que se volvió mi compañero inseparable. Vivimos solos, Sultán Don Kratón y yo durante casi dos años. Nunca había tenido un gato antes, aunque siempre me habían fascinado, me parecían animales autosuficientes, inteligentes y sobre todo pacientes. Quizás por eso cuando Kratos llegó, estaba predispuesta a hacerme casi su esclava. Tengo que aceptar que era el dueño y señor de mi casa, aunque nunca abusó pues se pasaba de cariñoso, ordenado y limpio. Lo más conmovedor que viví con él fue cuando adoptó a la gatita Flora, una pequeñita con alguna enfermedad neurológica que era en extremo asustadiza. Kratos la bañaba, le daba de comer y la abrazaba cuando se ponía nerviosa. Flora sólo tenía contacto con el mundo exterior a través de él. Cuando uno ve ese tipo de cosas, no puede pensar que los animales son menos que uno. En resumidas cuentas, sin temor a equivocarme, puedo afirmar que Kratos es uno de los seres vivos que más he querido en mi vida, pero tuve que elegir y desafortunadamente, él no trabajaba, así que nos tuvimos que separar. No puedo dejar de sentirme culpable, no sé si realmente comenzó a enfermar de tristeza, lo cual sería sumamente egocéntrico. Tal vez fue que cometí el error de dejarlo con alguien en extremo hipocondriaco que comenzó a proyectar sus dolencias en él. O quizás su inconsciente lo traicionó y fue una forma de revancha. Al final no pude hacer mucho, sólo respondía a las llamadas cada que entraba y salía de clínicas y estudios hasta que el diagnóstico fue fatal y decidí ya no continuar. Fue uno de los días más tristes de mi vida, sé que “sólo era un gato” y sé que podrían pensar que es totalmente irracional, pero ni siquiera la muerte de mi abuela me afectó tanto. Cuando se fue, sentí que la cabeza me estallaba y no pude dejar de llorar hasta que me quedé dormida. Quizás fue la culpa o quizás realmente fue el duelo por la parte de mí que proyecté en él.

    #10848
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Creo que el texto logra, hasta cierto punto, ese “equilibrio de razones” que se sugería en la consigna. Las voces son consistentes, verosímiles, aunque mi impresión es que el primero de los tres testimonios queda bastante peor parado que los otros dos. Pero se logra ese abanico de puntos de vista, esa complejidad, y eso es un mérito. ¿Te ayudó escribir esto para comprender otros puntos de vista que quizá antes te resultaron inconcebibles? Este es quizá el propósito mayor del ejercicio.

    Confieso que el segundo testimonio me desconcertó, no entendí exactamente de quién se trata. Hasta donde logro interpretar, el primero es el hombre de una pareja, la última es la mujer, pero no consigo comprender quién es o qué rol tiene quien habla en medio de los otros dos. Me desconcierta que conoció al gatito y luego lo vuelve a ver años más tarde. Podría ser el padre de ella… ¿Adopta el gatito para mantenerse cerca de qué o de quién? Me costó este párrafo.

    No sé si el nombre es real o inventado, pero me encantó, porque el Cratos mitológico toma parte en batallas monumentales (la gigantomaquia, la titanomaquia) y aquí se deja ver que Kratos fue, precisamente, motivo de discordia.

    #10859
    LilianaLiliana
    Participante

    Querido Gabriel, gracias por recuperar algunos aspectos positivos de mi texto. Tengo que decirte que este ha sido el que más trabajo me ha costado pues pasaban los días y no se me ocurría sobre qué escribir. Al final, elegí escribir sobre algo que me conmueve pero que no es lo suficientemente complejo para crear una introspección interesante y por lo tanto, el resultado es un tanto soso. Sin embargo, todavía ayer que lo subí seguía sin llegar a mi mente otra idea. Por otro lado, ahora que lo releo, me doy cuenta de que quizás escribí el segundo testimonio con un poco de reserva y por lo tanto no fui clara al retratar al personaje, que es el ex de la mujer. Muchas gracias por la información al respecto del nombre que es real; quizás al pobre lo predestinamos al nombrarlo así.

    Por todo esto que te explico, tienes toda la razón al cuestionar si realmente me ayudó a entender otros puntos de vista y lograr el propósito del ejercicio. La respuesta es obvia, sin embargo, este intento me hizo darme cuento de algo interesante. Hoy platicando sobre otros temas con un amigo, salió a colación que de pronto tiendo a evadir inconscientemente cuestiones que me causan conflicto y entonces recordé que cuando iba a análisis, casi al final de una sesión comencé a hablar sobre un tema un tanto complicado; a pesar de llevar más de dos años acudiendo a sesión en el mismo horario, “olvidé” asistir a la siguiente. Supongo que la instrucción de escribir sobre “una situación del pasado que haya sido difícil” me produjo un bloqueo similar y en principio, es en lo que tengo que trabajar.

    #10891
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Gracias por tu confianza para escribirme todo esto, Lili: me honra.

    Se nota que este trabajo tiene más esfuerzo y menos gozo. Es muy claro. Y es interesante que lo sea.

    Creo que la evasión del conflicto es bastante universal; en distintos grados, claro, dependiendo de la persona y del conflicto. Quizá, en efecto, tuviste “resistencia” a tomar un asunto del pasado más desafiante. Pero también puede ser que no. Que simplemente ahora no toca, no es el kairós, el momento oportuno, o que éstas no son las condiciones para hacer esa revisión (un modo distinto de decir lo anterior). Bien puede sucederte que, más adelante, en algún momento te llegue un asunto del pasado más acuciante, y entonces recuerdes este ejercicio, y te digas, “Ey, por qué no explorar aquello de los puntos de vista escribiendo” y entonces sea el momento de hacerlo. Así como no conviene eludir, tampoco conviene forzar.

    Otra vez gracias por tu confianza.

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