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  • #14390
    BonifaciaBonifacia
    Participante

    La hora del miedo de la que voy huyendo…
    Saber que hay un lugar seguro al que puedo llegar y siempre va a haber amor ahí para recibirme. Lo difícil es llegar, pero cuando llegas hay paz.
    Me ha costado mucho hacer esta tarea, coger la punta de la madeja, no la encontraba y tuve que pasar por un momento de mucha perturbación emocional para forzarme a seguir. Gracias, querido Gabriel, eres como un ángel que apareció de repente para traer luz 🙂
    Hice cada día la anticipación y cada noche la evaluación durante ocho días, queriendo “atrapar” eso que estoy buscando que no sé qué es. Y creo que en esa escritura no atrapé nada, la mente es muy lista y muy huidiza, entonces me dejé de excusas cada día, me puse muy “juiciosa”, como dicen mis amigos colombianos. Empecé a prever a qué me anticiparía en mis labores cotidianas (llevo una vida bastante monótona y un poco —bastante— ermitaña) así que siempre mi mente me decía lo mismo: “esto es para la gente que tiene otras rutinas, que tiene contacto con gente, a ti nunca te pasa nada”, pero seguí haciendo mi tarea con rigurosidad. Avancé en mis tareas y actividades para caminar hacia el objetivo de entregar mi tesis antes del 30/11. Cada noche casi que me felicitaba porque lo hice bien.
    He retomado mi práctica budista y he estado serena, contenta porque voy avanzando en el conocimiento de mí misma, como dice mi terapeuta.
    Pero hoy le he huído a la tarea.
    Me he sentado a escribir y he escrito este poema que dejo al final. Me ha gustado ver con claridad esa especie de tormento que me llega por las noches desde que vivo en España y que, ahora que estoy leyendo en la adultez “Cien años de soledad” me permito aceptar mi soledad vital y convivir con ella, supongo que también me ayuda a llevarla con menos “tormento”

    La hora del miedo
    Es en este momento en que cae la tarde cuando quedo frente a un abismo profundo que me llama a gritos.
    Momento en el que el silencio de la noche aturde los tímpanos de mi soledad y busco tu voz, pero no estás.
    La noche se hace negra, pesada, insondable y el abismo crece.
    ¿Dónde estás?
    ¿Qué miedo tan gigante es este que me cubre y me ata y me ciega y me vence?
    Es esta, justo esta la hora del miedo de la que voy huyendo…

    #14395
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Querida Bonifacia, gracias por tus palabras, generosas como eres siempre conmigo.

    En relación a las anticipaciones, una lectura ingenua quizá aceptaría lo que dices, la posibilidad de una vida tan monótona que no hubiera nada que elaborar por anticipado. Pero, ¿no es la monotonía como tal el asunto mismo que requiere ser examinado? Si la experiencia de tus días es que son monótonos, ¿no sería pertinente anticiparse a ese escenario, que estoy suponiendo aquí dispreferido, y tomar las riendas de ese asunto para hacer algo con esa monotonía, en lugar de resignarse a que así son las cosas sin más? Sobre todo porque la monotonía parece ser algo que depende de ti, mucho más que un decreto de las circunstancias externas.

    En cuanto al miedo, ¿no es la huida YA el miedo como tal? La respuesta del miedo es huir. Huir de aquello que tememos es actualizar el miedo. Si hay una hora temida, porque, con la caída del sol y el advenimiento de la oscuridad se aparece un abismo, ¿cómo dejar de temerle mientras huimos? El miedo sólo puede surgir cuando existe una “distancia” (temporal) con respecto al objeto temido. Si uno está frente a frente, el fantasma desaparece y, a menudo, la presencia real se revela mucho menos temible: “tigres de papel”, como dicen los chinos.

    Entiendo que el abismo está “hecho” de soledad y de una voz que no está. ¿Tiene caso persistir en esa búsqueda? ¿No es la insistencia en encontrar algo que no está allí lo que produce ese desamparo, esa soledad? Suelta la expectativa de esa voz y esa presencia, atraviesa la oscuridad sin rechazo ni huida, asumiéndola, abrazándola o, como se dice en el zen, volviéndote UNA con lo que hay, lo que es: entonces, ¿quién podría sentir miedo? No sé si estoy siendo claro aquí. Siéntete libre de escribirme si crees que es preciso aclarar algo. Lo que intento decir es que, cuando la experiencia, en lugar de ser rechazada, es abrazada de manera totalmente consciente, deja de ser temible.

    Sigo aquí.

    #14397
    BonifaciaBonifacia
    Participante

    Gracias, Gabriel!!
    Tu reflexión me ha hecho caer en cuenta en una cosa: el miedo es a estar “a solas” conmigo y eso me pasa en las noches y días festivos. La imagen que me viene a la cabeza es la de un artista que se queda sin teatro, en el vacío. Es curioso, esa es la imagen. Y ahora me doy cuenta de que ha sido una sensación recurrente últimamente y también en mi juventud-adolescencia (tal vez sea el origen de querer estar siempre haciendo cosas), por eso confirmo lo que he estado pensando en días recientes, no tiene nada que ver con que tenga “compañía” o no; de hecho, mi elección consciente siempre ha sido la intimidad, lo acotado, la no-multitud, el silencio, el campo. La voz que extraño y que suelo evocar en mis escritos, tal vez sea mi voz que voy acallando durante el día laboral con la infinidad de cosas que siempre estoy haciendo. Por cierto que “la monotonía” no es monótona 😊 ni es dispreferida 😊
    A ver cómo le hago para “detener” esa representación. Me ayuda mucho este diálogo, me obligo a confrontarme.
    Un beso grande 😊

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