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  • #15307
    Sofia
    Participante

    DIA 1
    Estoy en un voluntariado al Norte de España, no con mis mejores host pero si en mi lugar favorito, en un profundo bosque de hayas y castaños. He abierto la ventana de par en par y mientras escribo escucho el canto de los pájaros y… nada más! He hecho mis ejercicios matinales frente a la ventana, viendo como el sol iba iluminando poco a poco las colinas con sus casitas blancas y los Pirineos al fondo. Son casitas desperdigadas al estilo de aquí. El cielo está liso, de un azul tenue y sin nubes. Veo las colinas recortadas y ese puñado de casitas. Es un paisaje de cuento de hadas. Alguna vez he pensado que me gustaría inventar historias para mi nieta Isabel. En cada casa pondría vidas para contar: ese ogro solitario e incomprendido, esas hadas cantarinas y unos duendes traviesos. Pero ella no vendrá aquí conmigo, por lo menos de momento. Había proyectado una relación abuela-nieta idílica y desde el principio me apliqué a ser una “mamie gateau” (abuela pastel, muy muy dulce). La he colmado de regalos, atenciones y cariño, pero mi nieta no es una niña oasis, es una niña maestra que me trae una gran lección: aceptación. La pequeña me rechaza abiertamente (pensamos que por celos ya que mi hija y yo tenemos una relación cómplice y afectuosa). Solo tiene 4 años pero ya es capaz de decir “yo a ti no te quiero” y no hay nada que yo pueda hacer para cambiar eso. Por mi parte sigo dando lo mejor de mí misma sin esperar resultados y casi me sorprende que no me afecte más. Desde luego yo hubiera elegido otra cosa pero es lo que hay. Supongo que eso es auténtico y espontaneo estoicismo. Estoicismo por Amor?
    DIA 3
    Es aún temprano aunque casi tarde para mí. No ha salido el sol todavía y hay una leve bruma que le otorga al paisaje ese ambiente feérico que tanto me gusta. El cielo está hoy cargado de nubes que esperamos traigan lluvia. Observo a lo lejos una alineación de cipreses que podría indicar que se trate de un cementerio. Hace solo unos días pude observar, asomándose a esta misma ventana, a un grupo de buitres devorando un pony que había fallecido durante la noche. Hicieron un trabajo espectacular y en unas pocas horas no quedó del pony más que la piel, los huesos y las pezuñas. Me quedé realmente maravillada ante semejante eficacia. La naturaleza es impresionante y esta manera de desaparecer de este mundo me parece de lo más ecológica. Desde luego la preferiría a saber mi cuerpo devorado por los gusanos durante meses.
    DIA 4
    El cielo sigue nublado aunque la bruma matinal se ha disipado. Parece como si fuera a llover pero el agua tan esperada no llega. Como cada mañana se escucha el canto de los pájaros. Mi paisaje no ha cambiado, es sin duda el mismo. He reconocido otras hileras de cipreses, lo cual me indica que no deben ser cementerios. De hecho quizás ni siquiera son cipreses sino algún árbol que se le asemeja. Constato que la realidad es muy subjetiva y se presta a interpretaciones.
    DIA 5
    El paisaje está cubierto por un espeso manto gris. Apenas distingo la copa del árbol bajo mi ventana. Los pájaros no pierden ánimo, aunque su canto es menos intenso y yo diría menos alegre que otros días. Me digo que el tiempo es como la vida misma porque hay días de todo: sol, lluvia, viento, niebla. Podemos estar más o menos contentos pero siempre lo aceptamos porque es lo que hay y no lo podemos cambiar. Esa profunda aceptación de lo que es tendría que ser también para cada día de mi vida. Es mi deseo mantener el rumbo hacia el optimismo, la confianza, el agradecimiento. Si hoy llueve y no puedo pasear, mañana recogeré más de mi huerto bien regado.

    #15314
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Qué hermoso texto, me ha transportado a ese paisaje intensamente frondoso, que emerge y se oculta de la bruma con un halo de misterio. Me recuerda a la opacidad deliberada de las pinturas zen, donde el carácter neblinoso es una parte esencial, porque da cuenta de la relación misma con lo bello y lo verdadero. La belleza surge del encuentro, a menudo inesperado, entre una subjetividad atenta y algo que por un momento se desoculta, se deja ver; de ahí que sea fugaz. La verdad, lo mismo, se intuye en esa “nube del no-saber”, por citar un hermoso texto de la mística cristiana. En este marco feérico, como bien dices, surgen meditaciones muy provechosas. La relación con tu nieta, la constatación de tu indudable estoicismo, la afirmación de tu virtud, la impermanencia de todo lo que es, la muerte, como parte de la impermanencia y el reciclaje de la propia naturaleza, tan deslumbrantemente eficiente. Es un texto muy bello, porque reúne diversos registros: la descripción poética, la imaginación y lo fantástico, la reflexión filosófica. ¿No es maravilloso cómo, a la hora de escribir sobre lo que vemos a través de la ventana, acabamos escribiendo sobre nosotros mismos?

    Te felicito, Sofía, gracias por estas bellas líneas.

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