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  • #15932
    AnaKoretaAnaKoreta
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    ¿Cómo será la primera lluvia después de mi muerte?

    Estoy suspendida en un hilo delgado sintiendo lo frágil del tiempo. Así fue su vida, mi vida, ahí está ella, yo, yo que ahora sí soy ella, ayudándole a mirar las cosas en mejor perspectiva, causas y efectos de un sinfín de olas de tiempo que regresan y forjan los destinos del alma.

    El tiempo no es cíclico, cae redundante sobre las estaciones que se extinguieron…

    Primavera

    El calor va despertando la vida del letargo de un ciclo más. Cuando se está por atravesar el portal del tiempo vivo uno entiende que el paso por la tierra no fue en vano. Su primavera tuvo matices de extrema belleza y gozo por vivir, hasta haber perdido el sentido por existir.

    Escucho a Vivaldi para dejar entrar la sinfonía de vida en mi sangre.

    Nunca se sintió tan libre como aquellas tardes en las que subía a la rama más alta del viejo pirul mientras la mecía un fuerte viento, cerraba los ojos y sentía que volaba, ahí estaba ella pequeña, valiente, surfeando el cielo como ave feliz. Pero perdió una de sus alas y cayó al romperse su rama más frágil quedando sólo la nostalgia de un recuerdo perdido.

    Nadie le creyó cuando contó que su primer recuerdo fue de su llegada al mundo, recuerda haber visto dos sombras que la cubrieron en una cálida oscuridad. Mucho tiempo pensó que habían sido sus padres, pero un día tuvo la rara certeza de que fueron los médicos que la sacaron al mundo. Le reconfortaba pensar en ese abrazo cálido de su madre y padre.

    Mi madre murió al parir a mi doceavo hermano, mi padre enloqueció sin aceptar la pérdida de su amada, de ahí y hasta el día de su muerte cargó una pena profunda ahogada en alcohol, se volvió tabú hablar de nuestra madre muerta, ya pronto saldrá del hospital, nos decían a los pequeños. Así crecimos bajo la sombra de su ausencia esperando su regreso.
    El padre levantó cuatro muros que los aislaron del mundo, él ya traía partido el corazón y la cabeza desde pequeño, la muerte de su esposa sólo destapó su locura y buscó saciar sus hambres con sus esposas-hijas. Pero sería hasta inicios del otoño que recordaría el olvido.

    La primavera me dejó trazos dulces, amargos, gozo por los juegos infantiles, días y noches de asombro, de miedo, de descubrir el mundo en una burbuja de jabón, de terror por la violencia doméstica, de éxtasis por el olor a pan que mi hermana-madre horneaba en latas de sardina.

    El resto de esta etapa fue de adaptación a un mundo imponente, la escuela un campo de batallas. Su rebeldía explotó a la par que sus granos, ya no me golpearás más le dijo un día a su padre y a su hermana-madre. Y así siguió rebelándose y revelándose con el fusil del folklore sudamericano. Al final de la primavera se enamoró hasta el tuétano del amor juvenil.

    Acompáñame a ver el mar porque el polvo de este desierto me seca el alma.

    Verano

    Las lluvias calman la sed de los que han caminado por el desierto. En verano conocí la piel juvenil de un hombre y juntos bebimos del amor, me encontré y me perdí en sus ojos.
    Fincó sus pilares en aquel gran amor: identidad, creencias, autoestima, valentía para afrontar al mundo. Época de pasión y descubrimiento de otra sexualidad, todo su sentido de vivir se concentró en esos ojos claros y divinos, haz de saber que muero cada vez que suspiras, le escribía.
    La universidad me abrió un universo nuevo y descubrí también la pasión por aprender, aunque la dirección que tracé para caminar sólo fue un arrebato para sentirme reconocida por mi padre, ser ingeniera como mi hermano mayor y superarlo incluso en talentos y destrezas.

    Pero un buen día el señor del destino le dió una zancadilla derrumbado sus pilares de arena y cayó en el pozo profundo de la locura de dónde sólo pudo salir aferrándose a la expresión artística para no morir y buscando en los escenarios el aplauso que jamás obtuvo de su padre. Más con el tiempo se abrió su vena creativa para dar sentido al sinsentido por su vida. Navegó por la fotografía, música, artes escénicas, la pintura, el bufón, y recuperó su destreza juvenil de escribir por el delirio de escribir.

    Escribo para encontrar el sentimiento de la existencia, como la Pizarnik, y yo sonriendo a lo que no tiene fin.

    Muchos amores inconclusos dejé en el camino cumpliendo mi promesa de conocer otras pieles tras muchos años de amar una sola piel. Y aquí estoy ahora, pidiendo ayuda para arrancarme todas las pieles que no son mías. Pude reconocer mi compulsión de perderme en el amor carnal, me volví adicta a las relaciones efímeras buscando sin saberlo la imagen de mi padre trabajador, amante de la tierra, tenaz y aguerrido. ¡Oh Toño de mi vida!

    Otoño

    Las hojas se preparan para caer, cae lo que fue y lo que no pudo ser. Así fue cayendo mi viejo mundo. Danzando en la oscuridad encontré un camino de luz y medicina espiritual, recuperé la humildad de creer en una energía divina superior, mi alma sedienta bebió. Las últimas lluvias otoñales limpiaron la sangre vieja de las heridas de su alma, los ríos fluyeron tan fuerte que extirparon las piedras enquistadas que carcomían mi ser, piedras calentadas al rojo vivo que nos limpiaron y resanaron con su agua quemada tanta pus dolida.

    Estoy armando un rompecabezas con trazos de letras aquí y allá, uniendo con hilo y aguja estas chaquiras regadas como esquirlas sobre la piel.

    Un bálsamo lunar curó mi piel de las mordidas de perro rabioso, fui una bestia iracunda con garras, colmillos y joroba, disfrazada bajo el juego del loco bufón, quise burlarme y vengarme del mundo escupiendo al cielo y Dios se apiadó de mí dejando caer una tormenta de rayos eléctricos que amortiguaron la explosión de un grito ahogado queriendo reventar el mundo.

    Quebrantas el río y luego te pones a llorar, y yo lloro también, pasaron los días, los años y esta melancolía viva siguió anegando los ríos de nuestros ojos.

    A mitad del otoño un velo cayó y al fin pude ver que había convivido con la depresión desde la muerte de mi madre y la trasgresión de mi padre. Le di las gracias por inspirarme tanto, por hacerme danzar, pintar, tocar el violín y escribir.

    Hurgando en el libro de la historia de su alma una verdad contundente le dió paz: de pequeña sólo pagó las deudas que debía al alma de su padre, la deuda de una vida en la que sólo se repitió una historia antigua donde ella fue el padre y el padre fue la hija y ella siendo el padre solitario sin su esposa amó de todas las formas posibles a su hija que en esta vida fue su padre, su padre-hija inocente y mancillada quedó presa del dolor, avergonzados por tal transgresión el dolor de sus almas quedó suspendido en el tiempo y la ley de causa y efecto implacable vino a invertir en esta vida los papeles, ¡el ciclo se cerró, paf!

    ¡Ya hice comedia, ya hice drama! ¡Ya estuve del otro lado del mostrador!

    Terminó con ese eterno retorno de lo mismo al tomar la decisión de permitirse sentir gozo pleno por existir y dejarse hacer por el Amor. De ahí en adelante creyó que valdría la pena empeñarse en la sana misión de cumplir sus sueños terrenales y espirituales. ¡Y así fue!

    Invierno

    Aprendí a caminar lento y a disfrutar sentirme viva, pues sólo me quedaban unas cuantas hojas para escribir. Y así parió algunos hijos-libro, y así colaboró en la sanación de muchas almas que buscaron el calor de su temazcal en la montaña, y así vivió lejos y cerca de un mundo que iba transformándose a sus ojos, y así contribuyó un poco a desṕertar la consciencia colectiva en una suave contracorriente medicinal.

    En invierno muero durmiendo, en un suspiro suelto el cuerpo y me diluyo en un orgásmo cósmico. ¿Qué es la vida sino un flotar en el río? Recordé a la Lispector. ¿Qué extrañaré de este mundo? En el último de mis días he sentido los dedos del viento acariciando mis mejillas, como cuando volaba de niña en el viejo pirul. Aquí estoy escribiendo mis últimas líneas, mañana estaré en los prados azul turquesa del ensueño de la muerte viva.

    Me voy en paz por haberme reconciliado con el amor en plena temporada otoño-invierno, el amor cómplice de un compañero que me abrazó hasta mi último suspiro. ¡Ay Amor allá voy a cruzar el umbral, ¡Gracias!

    ¿Cómo será la pŕimera lluvia después de mi muerte? Llueve, allá abajo las trincheras guardan los ecos de las guerras eternas del fin del mundo, todo empieza a reposar bajo el murmullo de los sonidos del mundo que no paran de sonar: “Seguros de vida Metlife, le atiende Lidia”.

    #15933
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Cierras este taller con un gran texto, Ana. Es denso, poético, polifónico, con voces tuyas en personas diversas (primera, tercera, tal vez segunda) y voces de canciones y de escritoras (también, curiosamente, sudamericanas). Logras en pocos trazos, con hábiles elipsis (decía Hemingway que lo más importante no debe decirse nunca en un buen cuento), dar una estampa de tu vida, tal como la ves ahora hacia el pasado y hacia el futuro. Y hay esperanza en el porvenir, lo que es alentador.

    Me perdí en algo que intuyo que es central y es el pasaje en que hablas de una especie de binomio padre-hija. Esa fusión parece sumamente problemática, pero no alancé a entender lo que quisiste decir allí. En todo caso, parece que allí está el preludio de un fin de ciclo muy significativo. Y es, quizá, el albor de la sabiduría que proyectas para tu invierno.

    Como decía María Sabina: el que tiene fe se cura; el que no, no.

    Tienes fe. Ése, además de una sensibilidad profunda y un gran talento con las palabras y seguramente más cosas que desconozco, es tu gran tesoro.

    Gracias por participar en este taller con tanta apertura, tanta profundidad, tanta sensibilidad. Me honra haber podido acompañarte en el magnífico proceso que has hecho.

    #15934
    AnaKoretaAnaKoreta
    Participante

    ¡Muchas gracias Gabriel!…

    Efectivamente pareciera un enredo literario, quizá inconscientemente quise que fuera así para que quedara “encriptada” esa faceta de mi vida, fue difícil de escribir y y hacerla nudo fue la manera más fiel de describirla para por fin desenredarla.

    Me honra también haber sido acompañada por tu guía sabía y certera, por tu mirada compasiva y amorosa. En pocas semanas se resolvieron muchas cosas que en terapia tardé años en acomodar. Gracias por tu gran ayuda y por este bello espacio donde morí y volví a nacer, gracias por provocar la magia catalizadora para que así haya sido. Un buen crisol para descubrirse, gracias por inspirar tanto a que seamos los autores de nuestra propia historia. ¡Infinitas gracias!

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