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  • #11531
    Renata
    Participante

    PRIMAVERA
    A principios de la década de los 70 llegó a la Ciudad de México un joven llamado Sebastián. Era procedente de Reynosa, Tamaulipas y le interesaba la contabilidad, decidió realizar un curso técnico de esa área y logró entrar a trabajar a una empresa dedicada a la construcción llamada ICA donde conoció a una secretaria de Pachuca, Hidalgo, llamada Esperanza. Al conocerse se agradaron, decidieron iniciar una relación y después de 6 meses de noviazgo se casaron. De ese matrimonio nacieron cuatro hijas: Gaby, Renata, Aurora y Mariana. Yo soy la segunda, nací el 29 de enero de 1976.
    El primer recuerdo de mi infancia es el del nacimiento de mi hermana menor, yo tenía tres años y recuerdo a mi madre embarazada, que se cansaba al realizar las labores del hogar y que cuando fue internada para aliviarse nos decía adiós a través de una ventana del Hospital. Sentía tristeza por mirarla de lejos pero también alegría por percibir la felicidad de mi padre.
    Desde ese momento empezaron a mantenerse vivos en mi memoria innumerables momentos de felicidad al lado de mis padres y hermanas: fiestas de celebración de cumpleaños de cada una de nosotras, visitas al zoológico de Chapultepec, paseos en el tren de aquel lugar, idas al cine y teatro, vacaciones con los primos en la playa, Reynosa y Pachuca, así como múltiples momentos de diversión al jugar a las escondidas, a las traes, con la bicicleta, brincar la cuerda, lanzar el bote pateado y patinar. Lo único que no disfrutaba, a diferencia de mis hermanas, era jugar con las muñecas, lo consideraba aburrido y prefería distraerme con los otros juegos.
    Después de un día agitado lo mejor era quedarme dormida en la sala y que mi padre me llevara a la cama en sus brazos o escuchar atenta el cuento que con ternura todas las noches nos contaba. Parecía que el tiempo no transcurría y que la vida estaba plagada de alegría y diversión.
    VERANO
    El tiempo fue mostrando otras facetas y empecé a descubrir cambios en mi interior. Empecé a percibir preocupaciones y a notar que el deleite de los juegos se había desvanecido. Sin embargo, la emoción me invadió al llegar a la pubertad, me sentí más bonita que nunca, pues la niña gordita había quedado atrás y una linda jovencita se asomaba a través del espejo. Los pantalones se quedaron en el closet y preferí las faldas y los vestidos. La decisión de realizar un corte de cabello no tardó en llegar y éste se acompañó de la aparición de un fleco que elevaba con ayuda de mucho spray al estilo de las cantantes de aquella época. Disfrutaba mucho bailar con mis amigas al ritmo de Flans y Timbiriche y platicar con ellas de los chicos que nos agradaban. Con mucha emoción acudía a las celebraciones de XV años de mis amigas y preparaba la mía con mi familia. En mi fiesta decidí abrir el baile con mi padre al ritmo de una polca norteña para mostrar nuestras raíces.
    La emoción de aquella etapa se hizo mayor al conocer a un chico dos años mayor, el amor se había hecho presente y me sentía amada, acompañada y protegida. Sin embargo, esa sensación fue muy breve, pues al saber de nuestro embarazo y al no habernos casado el decidió marcharse. A los 5 meses de su partida, la vida me obsequió el mayor regalo que me pudiera ofrecer, el nacimiento de mi hermosa hija a quien decidí llamar Mariana.
    OTOÑO
    Una gran fortaleza me invadió desde el momento en el que fui madre a la edad de 17 años y decidí continuar con mis estudios. Cuando llegaba a casa le dedicaba tiempo a mi pequeña y en las noches realizaba las tareas procurando estar cerca de ella el mayor tiempo posible. Me invadían muchas preocupaciones por nuestro porvenir, sin embargo, el apoyo recibido por la familia fue un gran sostén. Así pasaron 10 años hasta que me casé con mi mejor amigo de la Facultad.
    Esa nueva etapa se acompañó de una gran complejidad: cambio de domicilio, de escuela de Mariana y de su ambiente familiar y de una serie de intentos por lograr amoldar las piezas de aquel rompecabezas recién creado. Los intentos fueron infructuosos y desgastantes pues se acompañaron de mucho dolor: tres embarazos anembriónicos se hicieron presentes dejando a su paso un vacío y tristeza infinita.
    La separación fue inminente y se realizó después de 12 años de matrimonio.
    INVIERNO
    Con la separación, hace cuatro años, decidí buscar un lugar para Mariana y para mí, lo encontré cerca de mi trabajo y en una zona agradable. Empecé a dedicar más tiempo para mí y a disfrutarlo, decidí divorciarme y realizar un viaje a Europa con Mariana lo cual ha sido una de las experiencias más bellas de mi vivir. Es curioso recordar que una melodía nos dio la bienvenida y nos despidió de aquel continente: la primera noche del viaje, estando cenando en París, escuchamos a lo lejos la melodía “A mi manera” y el último día del viaje, en Berlín, la camioneta que nos llevó del hotel al aeropuerto tenía la misma melodía. Pareciera que, aunque la melodía anuncia un final, para nosotras se anunciaban nuevos comienzos, pues el estar ahora acompañadas solo una de la otra nos ha permitido conocernos más, apoyarnos más y cuidarnos más.
    Tal vez el final anunciado por la melodía esté relacionado a una de mis facetas. Por cuestión de salud me sometieron a una cirugía el pasado mes de diciembre, fue una cirugía que retrasé por alguna esperanza, sin embargo, al haberse deteriorado aún más mi salud ésta ya no pudo esperar, fue una histerectomía que cerró una etapa de gran significado para mí.
    Ahora con 43 años, me encuentro satisfecha con lo que he logrado, feliz por el amor infinito que he compartido a Mariana, a mis padres, hermanas, sobrinos y alumnos y deseosa de seguir descubriendo, aprendiendo y compartiendo.

    #11532
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Lo que observo es que la energía naciente que dio fuerza a los brotes de tu infancia, de alguna manera parece irradiar sobre todas las estaciones y acompañar, sea con una estela de sensualidad el verano, o a modo de sostén en las estaciones más “frías”. Qué importante una buena infancia para poder sobreponerse más tarde a los contratiempos de la vida.

    Me alegra ver que la organización de tu biografía en cuatro estaciones te permitió trazar una mirada sinóptica y poder mirarte en grandes cuadros. Uno puede ver, entonces, cómo cambian las prioridades, los valores, los desafíos, cómo, en cierto modo, también una vida humana reconoce “paletas”, coloraciones distintas en cada etapa: los colores explosivos de la primavera, rutilantes del verano, la paleta sobria y, sin embargo, rica y poderosa del otoño, la retracción del invierno.

    Quizá, por una ambigüedad mía (que ahora mismo voy a corregir), no era claro que las cuatro estaciones debían, más o menos, acogerse a la división pitagórica, de modo que pudieras describir el invierno, no como la estación en la que estás ahora (pues, bajo la clasificación de Pitágoras, tú estás ahora en el otoño), sino como tu vejez, y poder así visualizarla, es decir, verte a ti misma entre los 60 y los 80 años, a la luz de lo que ha sido tu vida hasta ahora y cómo quisieras que fuera esa etapa. Esto te permitiría (y puedes rehacerlo, si lo deseas) abrazar todo el arco de tu vida, desde tus primeras días hasta tus últimos. ¿Cómo te ves en ese invierno pitagórico?

    #11614
    Renata
    Participante

    Visualizo un invierno apacible en el que con serenidad contemplo las distintas figuras y tonalidades del paisaje de mi vida. Además, agradecida por las experiencias que causaron un impacto en mi vivir haciéndome sentir a flor de piel el significado de la vida misma.

    #11615
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Me alegra que te hayas dado la oportunidad de dedicarle unas líneas a esta otra modalidad del invierno y que tengas un horizonte tan optimista. Muchas gracias por tus textos y por tu entrega.

    Si el curso te resultó de provecho, por favor déjanos un review. La última lección indica el modo de hacerlo; si tienes alguna dificultad, con gusto te apoyo. Que estés muy bien, Renata.

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