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  • #14628
    Rocio Fernandez
    Participante

    Sé que el ejercicio era sentarse y ver a través de la misma ventana, pero… sí, la azotea tiene rejas alrededor ¿se considera igual una ventana pero más amplia no? Después de todo dicen qué el techo es el cielo.

    7:30 a.m. Desde el lugar de la azotea que elegí contemplar. Observo un pino bastante grande qué seguro el vecino planto cuando llego a vivir ahí o a lo mejor cuando nació alguno de sus hijos (en realidad no sé sin tengan hijos). O al menos tengo de referencia que eso cuentan las películas que hace la gente y bueno… haciendo memoria, ví que lo hizo también mi mamá cuando llegamos a vivir aquí. También planto un pino pero lo coloco enfrente de la casa. No como el vecino que lo tiene atrás. ¿Por qué enfrente? ¿por qué atrás?. ¿Qué la influenció. hacerlo? Ella me contó en algún momento después de que falleció mi abuelo. Qué cuando Él llego a vivir donde vivían (mi madre aún no nacía) enfrente de su casa planto varios árboles y a él le gustaba sentarse en el sillón de la sala a verlos a través de la ventana. Esto ella no lo sabía todavía cuando lo hizo. Memoria inconsciente, memoria celular, cuanta carga simbólica existe en un árbol. Cuando tenga una casa, seguro lo repetiré, o ¿no?

    7:00 a.m. El cielo azulado con las nubes disipadas a su largo como si fuera una pintura de Bob Ross. Es la primeara referencia que tengo de pintores que vi en la tele. En el pino viven algunos pajarillos seguro tienen sus nidos. Son al menos cinco me pregunto si en primavera o en otra época del año vienen más o están escondido entre todas esas ramas. Su trino se escucha levemente. En primavera es mas fuerte y evidente, que los alcanzo a escuchar desde mi recamara al despertar. En otoño e invierno casi no se escuchan. ¿Cuántos pajarillos habrán caído en el patio del vecino? ¿Rescatará a los que sobreviven o permitirá que la naturaleza haga su trabajo?.

    8:30 a.m. Hay mas viento, el cielo despejado, el pino se tambalea un poco más, los pajarillos sin su luces en el trinar. La paz se mantiene, el silencio es más perceptible de lo normal. Y entonces, ahora que nada de lo externo me distrae, me pregunto ¿a que sabrá el pino? Me imagino cortando un poco del tronco para ver su textura, será… ¿verde, amarilla, seca viscosa? Cierro mis ojos, saco la lengua y permito que el viento me acerque un poco mas a ese sabor. Esta costumbre de preguntarme a que saben las cosas viene de que en alguna ocasión salía con antropólogo quién lamía todas las piedras por qué decía que era una forma también de conocer su historia y su esencia. Lo hice varias veces y aprendí a perderle el miedo a conocer de otra forma.

    8:00 a.m. No me agradan las rejas que hay entre la azotea de cada casa, están sucias, son feas no tienen estética ¿por qué ponerlas, en verdad son límites, no sabemos respetar, de que nos defendemos? O acaso ¿Son los gandallas de las noches que pudieran correr entre casa y casa? En fin regresando al pino ayer me quede con ganas de saber también ¿a que sabrán las ramas que lo adornan, serán duras? su color la verdad me da esa sensación de que seguro son así y están agrías. Porque a pesar de que es un lindo pino, su color verde grisáceo no me anima a concluir en un sabor mas dulce de lo que aparenta.

    7:15 a.m. Cuando inicio la cuarentena, este ejercicio de salir a contemplar desde la azotea en algún momento me traía reconfort y paz. En algún momento deje de hacerlo, es bueno saber que siempre de algún modo todo te hace regresar al camino que te hace conectar con todo y con nada. Hoy observe qué el sol en abril – mayo salía más hacia el oriente, y en noviembre – diciembre un poco más hacia el sur-oriente. ¿Cuántas bendiciones nos perdemos a veces por no estar presentes? Tal vez a nadie le importaría si se lo contará, pero ¿no es maravilloso tener el tiempo de poder observar los pequeños cambios que incluso la naturaleza hace y que, aunque Yo no lo sepa, seguro tiene un propósito? Amo los detalles esos que nadie ve pero que me hacen tan feliz notarlos.

    #14689
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Me da gusto leer este texto lleno de preguntas, curiosidades, memorias. ¿A qué sabe la pluma que ha escrito esas líneas? ¿A qué saben estas líneas coníferas?

    Me alegra, sobre todo, que el ejercicio te haya recordado esa posibilidad que mencionas hacia el final, la posibilidad de simplemente detenerse a contemplar (que es la base de la meditación tradicional budista, samatta y vipassana: detenerse y percatarse).

    Las azoteas son lugares maravillosos casi siempre y creo que fue una excelente alternativa. Tienen algo como de atalaya, que permite contemplar desde lo alto, y al mismo tiempo, como bien dices, dejar sentir que el cielo es el techo.

    A veces es tan poco lo que se necesita para regocijarse… Un árbol, un recuerdo, un tono del cielo, una inclinación de la luz, el trino de un pájaro, el sabor de una piedra.

    Que el recordatorio siga vivo y las pequeñas alegrías se manifiesten diariamente.

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