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  • #15390
    Elizabeth
    Participante

    Mis tres Erinias

    Desde hace tiempo noté su presencia, se develaron ante mí de manera tan inmanente que desde entonces no sé bien qué hacer con ellas, durante años pretendí domesticarlas, las mantenía tan distraídas que me olvidé de su existencia. Mis queridas “benévolas”, de benévolas nada tienen. Alecto como no puede volver loco a nadie, me vuelve un poco loca a mí, en momentos la atrapo poniéndome trampas para hacerme creer que todo en mi mundo está de cabeza. Cuando la sorprendo finge, haciendo como que no está ahí se oculta en las noches en la funda de mi almohada para comerme la cabeza mientras intento dormir. Como en el cuento de Quiroga “el almohadón de plumas”, parece un bicho que hace que no me quiera levantar de la cama, es un poco sádica la canija, pero no puedo negar que es la que mejor me cae de las tres, hay una especie de encanto en ese mundo vuelto de cabeza, en esa sensación de desencajada de un mundo que, a veces, tampoco me agrada.
    Tisifone mi furia vengadora, tampoco tiene mucho campo de acción, solo que a veces me ha jugado malas pasadas, termina vengándose de personas que no tuvieron nada que ver con mis cicatrices, les pone trampas y si no las pasan, les acusa y crucifica. Ella no me agrada tanto, pero la entiendo, si su esencia es ser vengadora y es imposible ya vengarse, solo trata de sobrevivir la miserable. A veces trato de alimentarla, dándole pequeñas migajas en la búsqueda de causas justas y con eso se entretiene.
    Meguera, representa siempre un gran desafío, creo que es a la que más le temo, tiene unos enormes ojos rojos que me miran inquisidoramente, es mi peor verdugo, me persigue y recrimina todo el tiempo poniendo siempre su mirada de fuego en todo lo que hago. Me hace dudar y me hace tambalear, dudar de mí y de los demás, a veces logra que me crea todos sus cuentos sin fundamento y termine odiándome y odiando a los demás. Meguera es tremenda, se cuela hasta en mis mejores momentos, cuando pretendo mantenerme en calma, cuando cierro los ojos mientras intento meditar, teje un mundo de asociaciones que no tienen sentido pero que duelen, es difícil escaparme de ella. A veces lo logro, entonces me rio de mí misma por sufrir innecesariamente; pues todo es construcción de ella, que me quiere convencer de que el odio es más grande que el amor.
    Ellas son mis tres espectros más potentes, no sé si en realidad solo sean tres o son manifestaciones distintas de una gran y única furia que me gusta personificar -una furia por un mundo muy extraño lleno de contradicciones que me ha costado muchos años reconstruir, recomponer o resignificar-. No sé bien si aventarlas al lago o dejarlas a mi lado, tal vez sea la mejor forma de poderlas domeñar.

    #15392
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Aventar las furias/erinias al lago no quiere decir hacerlas a un lado; al contrario, es, dicho en términos un poco junguianos, integrarlas, porque sólo de este modo pueden eventualmente disolverse. Aunque quizá no quieras tú disolverlas, pues algo, parece, te proporcionan. ¿Qué? ¿Identidad? ¿Sensación de fuerza? Pero al mismo tiempo, por lo que se deja leer, las tres son variantes aversivas, mujeres de juicio severo, castigadoras, sentenciosas. ¿Qué paz puede haber aquí?

    ¿Quién es culpable de qué? ¿Y por qué existe, con sus tres variantes, este juicio, esta reprobación que exige desvelo, recriminación, venganza?

    Si hay culpables, ¿das la oportunidad de reparar el daño? Y si tú te sientes culpable, ¿sirve de algo? La culpa es de los sentimientos más estériles, porque no repara. Lo que repara es la responsabilidad, responder-por (por el daño causado). En el momento en que la responsabilidad deja atrás a la culpa, en el momento en que se inicia el MOVIMIENTO con vistas a reparar, todo lo anterior se disuelve naturalmente en ese lago.

    El primer paso ya lo has dado: es reconocer estos espectros, en lugar de ocultarlos. Reconocer la sombre en lugar de negarla. Esto es ya comenzar a integrar.

    #15393
    Elizabeth
    Participante

    Así es querido Gabriel, está siendo un proceso interesante este de auto-escribirme, como te decía creo que por mucho tiempo (debido a la deformación de mi propia formación) reforcé la idea de ocultamiento de partes que no me gustaban, quería que se disolvieran en el tiempo sin dejar huella, pero al contrario de lo que pensé al negar su existencia era una forma de alimentarlas, de darles más cabida en mi vida y casi que me pierdo en ellas sin darme cuenta. Ahora, al poner atención las he identificado [a mis Erinias], puedo nombrarlas. Eso me ha hecho entender muchas cosas, a veces la costumbre me lleva nuevamente a no reconocerlas, pero supongo como nos enseñaste en clase y como lo he asimilado, es un trabajo de poner atención cada día… todos los días.

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