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  • #11873
    Akirè zeràus
    Participante

    Miércoles 17:33 p.m

    El árbol materialista:

    Hacia el oriente, la copa de un árbol; Hay luz proveniente de sus raíces. De la mitad hacia abajo, el árbol que sin detenimiento sobre él era un común árbol, comienza a adquirir tonos amarillentos, a volverse un árbol verde-amarillento, un árbol luminoso o solar en medio de la oscuridad. De la mitad hacia arriba, la copa se encuentra rodeado de tonos color cielo.

    ¿No es un error que un sólo tono de azul sea denominado cerúleo cuando en realidad de la gama de cielos es infinita, y ni siquiera se reduce azul?

    Los tonos que rodean la copa del árbol, pese a ser azules y provenir del cielo, nada tienen que ver con ese azul cerúleo que venden en las tiendas de arte. Los colores que desde el cielo se insertan y se mezclan con las hojas del árbol, hacen que de la mitad hacia arriba el árbol sea un árbol azulado oscuro repleto de grises.

    Me parece que el árbol, en medio de la oscuridad, es un árbol extremadamente materialista, bien firme en la tierra que lo sostiene y le da vida, la tierra que le ha procurado luz esta noche. A este árbol, por el contrario, su contacto con lo celeste no hace mas que oscurecerle.

    Un avión fugaz: Lo único que alcanzo a percibir es una luz roja que ha viajado hasta acá.

    La libertad y la jaula:

    Frente a mi ventana cuelga una jaula. Por fortuna y porque en esta casa condenamos el encierro de las aves, la jaula está vacía. Sin embargo, no por ello la jaula deja de parecerme irónica cada que volteo a verla. Es como si en medio del mar decidiéramos sumergir una pecera.

    Acerca de las aves ausentes o invisibles esta tarde-noche: ¿habrá acaso alguna ave tan ingenua o incauta que prefiera la comodidad de la jaula, la esclavitud voluntaria, a la libertad de adentrarse en el cielo?

    …Entre los pequeños barrotes de la jaula se deja entrever los colores grisáceos del cielo. En ocasiones, incluso, pareciera que la jaula lleva presa una nube.

    Jueves 8:13 a.m

    El cielo, sus nubes y sus movimientos:

    La luz ya no se encuentra en la tierra; de nuevo pertenece al cielo.

    Hay nubes radiantes de sol listas para emprender su viaje con los movimientos del día.

    Hay nubes moteadas que desde temprano han sido reventadas por el fuerte viento.

    El cielo nunca es el mismo cielo. Ayer intenté imitar el cielo con pintura, incluyendo sus movimientos, y mientras introducías las últimas luces que del cielo quedaban, el cielo real ya había oscurecido. Tuve que renunciar al amarillo.

    Una escalera que apunta al cielo

    Viernes, sólo recuerdo que era de tarde

    El cielo gris cargado de smog
    En esta ciudad ni siquiera se aprecian estrellas
    Extraño los viejos cielos nocturnos
    Los cielos de luces naturales
    y las tierras sin sobrepoblación de luces artificiales.

    Creo que en esta ciudad mugrosa, hasta respirar limpio es una cuestión de clase.

    Pienso de nuevo en la jaula, ¿por qué si hay un mundo entero permanezco aquí atada? ¿atada es la palabra? Si ni siquiera hay de qué sujetarse…

    Sábado

    Frente a mí, pero muy a lo lejos, la silueta de un volcán.
    Las nubes flotantes sobre él: cerúleo mezclado con blanco.
    Algunas mini-nubes que por poco y no alcanzan a ser nubes.
    A la derecha una nube corriente y sobre ella, mini-nubes sobrevuelan

    Luego, una pincelada improvisada, quebrando el orden de lo celestial.
    Por debajo del volcán, una acumulación extraña de objetos;
    la vida humana: tinacos, tinacos y tinacos.

    La jaula y el cielo

    #11877
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    ¿Cuál es la jaula y dónde está el cielo? ¿Cómo se sale de la jaula? ¿Es preciso volverse árbol, enraizar firmemente en la tierra, para así poder crecer hacia el cielo?

    Esta frase: “¿habrá acaso alguna ave tan ingenua o incauta que prefiera la comodidad de la jaula, la esclavitud voluntaria, a la libertad de adentrarse en el cielo?”. Si sustituimos ave por ser humano, encontramos una ingente cantidad de ingenuos o incautos, pero en términos humanos quizá convendría decir: ignorantes, medrosos, ineptos. Y aún así, ¿cómo no sentir compasión por la humanidad, como la sentimos quizá por el ave atrapada en la jaula?

    Y esta otra: “[…] la jaula está vacía. Sin embargo, no por ello la jaula deja de parecerme irónica cada que volteo a verla. Es como si en medio del mar decidiéramos sumergir una pecera”. Me recuerda a los siguientes versos del maestro zen y (quizá como tú) pintor, Hakuin (1686-1769):

    Desde el principio todos los seres por naturaleza son Buda,
    como el hielo no es otra cosa que agua.
    De la misma manera que sin agua no hay hielo,
    sin los seres no hay Buda.
    ¡Cuán cerca la verdad, y cuán lejos la búsqueda!
    ¡Somos como alguien en el agua que sufre de sed!

    (Canción del zazen).

    La jaula está vacía, pero aun así hay nubes. Quizá la jaula es la mente dual/conceptuaL; las nubes, los pensamientos que obstruyen la mirada, los devaneos que ya no ven el azul tal como es, porque íntimamente comparan, ponderan, exigen. Y ahí está el cielo, ahí están los ríos y las montañas (el volcán), pero ya no los vemos.

    Tal vez no haya necesidad de escaleras, tal vez el cielo no está allá, no sea un más allá, sino un más acá: justo acá, en este momento, debajo de los pies. Entonces aparece el árbol, viejo arquetipo: entre más raíz, más cielo. Entre más acá, más allá.

    La ventana, entonces, es el universo entero.

    • Esta respuesta fue modificada hace 4 años, 4 meses por Gabriel Schutz.
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