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  • #16150
    Juan DavidJuan David
    Participante

    Durante estos días estuve realizando las actividades de Anticipaciones, evaluaciones nocturnas y la reflexión en términos de ganancias y pérdidas, y siento que en su conjunto todas las prácticas apuntan a algo muy valioso, y es, entre otras cuestiones, a irradiarle presencia, serenidad, compasión y bondad a todas las cosas que uno haga durante su día a día.

    Con la práctica de lo comunitario, sentí lo mismo. Pensar en que somos parte de la sociedad y que, en cierta forma, somos más que la mera individualidad, me ayuda a sentirme parte de todo y a ver con más aprecio al resto de las personas.

    Al reflexionar en lo comunitario en relación con mi papa, mamá y familia más inmediata, pude observar que a veces estamos allí, cerca, pero no junto-con-ellos. Es decir, con ellos y ellas a veces nuestra existencia es automática, mecánica. En contraste, cuando estamos desde los lentes de lo comunitario, sentí que se revitalizó mi interacción con ellos, así no estuviera “haciendo algo”: en estos momentos, por ejemplo, mamá está atravesando un momento delicado, pues un hermano suyo está grave de salud, y pensé que en tanto le acompañe y le apoye, ya es un aporte en sí mismo.

    En mi circulo de trabajo, de gente que veo con recurrencia, he reconocido con mucha amplitud que cada estudiante es un mundo y que lo que yo veo de ellos, allá sentados, es poco de su realidad. A veces no sabemos de sus problemas en casa, sus dilemas, sus inseguridades, sus temores, sus soledades, su relación con sus progenitores, entre muchas otras cosas. Y no es mi rol el resolver situaciones, pero el enfoque comunitario permite que uno sea más flexible, más empático y, si de vez en cuando se da la posibilidad, brindarle alguna idea, consejo u orientación, que puede hacer de granito de arena.

    Hace no mucho, un estudiante estaba llorando en clase. Cuando el tema es fuerte, el conducto regular señala que se recurra a orientación escolar o se llame a casa y un familiar se lo lleve (y según la gravedad, acuda a un médico). El muchacho habló conmigo un rato, y pude comentarle algo sobre la distinción maestra de los estoicos, escuché su opinión y su balance sobre esta idea aplicada en su vida y situación, y se sintió mejor. Dejó de llorar, y decidió entrar a clase.
    Son experiencias que me parecen muy bonitas, porque realmente demuestran que se puede aportar un granito de arena, así sea temporal, para lo que Marco Aurelio llamaba la colmena. También es verdad que uno no puede resolver las situaciones, pero algo de lo que está en nuestras manos se puede hacer; aun cuando no determinemos el resultado final.

    Con otros círculos, la reflexión de Hierocles me ha ayudado a tener más paciencia. Después de todo, en sociedad todos somos apoyados, todo el tiempo. Alguien cultiva lo que comemos, confecciona la ropa que usamos, nos paga el sueldo, nos escucha y lee, está allí cuando le necesitamos… incluso un saludo nos puede cambiar el humor.
    Todos hacemos algo, por pequeño que sea. Incorporar esto a la conciencia, le da una mayor lucidez a nuestra presencia. Muchas gracias por todo, Gabriel,

    #16151
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    En verdad me alegra leer este último texto, escrito con amor y generosidad. Lo que señalas al principio, sobre la continuidad entre las prácticas que has venido desarrollando y este énfasis deliberado en lo comunitario es un punto medular, pues no se trata de encerrarnos en nuestra burbuja de imperturbabilidad, sino que todo esto tiene que ver con los otros, con la común-unidad entre todo lo que palpita, humano y no humano. En último caso, el gran asunto de la vida y la muerte, como se le dice en el zen, tiene que ver con la no-dualidad, con poder ver que somos fundamentalmente formas de un mismo océano (de formas). Ejercitarse en estas prácticas abona esa perspectiva.

    Me resultó muy entrañable el relato sobre tu alumno y la manera en que te acercaste a él y le compartiste algunas nociones de estoicismo. Efectivamente, se trata de compartir los beneficios de la práctica con otros.

    Has hecho un curso magnífico, David. Lo hiciste con seriedad, con rigor, con amor, con un ritmo perfecto y te abriste a experimentar, que es lo más importante. Te felicito y espero que puedas seguir cultivando estas prácticas en tu vida, aunque formalmente hayas terminado el curso. Ya sabes que puedes regresar a ver los materiales cuando sientas que puede caerte bien una refrescada.

    Fue un gusto acompañarte.

    Si sientes quu el curso lo merece, quisiera pedirte si puedes dejar un review. En la última lección se indica cómo hacerlo. Sería de ayuda.

    También quisiera pedirte que, si el curso te pareció valioso, lo recomiendes a otras personas.

    Muchas gracias, que sigas bien.

    Yo sigo aquí a las órdenes.

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