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Viendo 8 entradas - de la 1 a la 8 (de un total de 8)
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  • #15012
    Shakti González
    Participante

    Día 1

    La atención flotante también existe al contemplar el fuego.

    #15013
    Shakti González
    Participante

    Día 2

    Realmente no me siento en condición constante de extranjera; habito desde siempre enraizada en la maceta portátil que es mi respiración acompasada con la del mundo.

    #15015
    Shakti González
    Participante

    Día 3

    Para hibernar y sobrevivir a la falta de alimento, los caracoles se deshidratan. Reducen su cuerpo a casi una tercera parte de su tamaño normal. Así mismo, el alma que se deseca, perdura.

    #15017
    Shakti González
    Participante

    Día 4

    Hay algo que Guyphytsy llama “abismarse”. Es un ejercicio común en butoh. Raquel me felicita siempre que en clase o en las exploraciones juego tanto con el abismo que pierdo el equilibrio. La aprobación llega siempre que se me pasa la mano con el juego de contrapostos y acabo trastabillando, cosa que no se elogia en ningún otro tipo de danza que yo conozca o haya bailado. Qué extraña expresión es esa de “perder el equilibrio”. ¿Qué es perder el equilibrio? Si en realidad no importa la alineación de los cuerpos con respecto a sí mismos, siempre se alinean con la gravedad. La caída preserva de hecho un equilibrio: el equilibrio que es tender sin fin hacia los centros.

    #15018
    Shakti González
    Participante

    Día 5

    Cíborg.

    #15028
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Encuentro un claro denominador común en casi todos los textos, que quisiera llamar “dejarse ir”, o también, “entregarse”. En este dejarse ir es posible la atención flotante y quizá lo sea porque el fuego sigue ahí, a modo de centro, de ese centro que invocas en el cuarto día. También hay un dejarse ir, un entregarse a la tierra en el hecho de sentirte enraizada, así sea en una maceta portátil: también allí se trata de la tierra y no hay modo de enraizarse como no sea entregándose. Esto mismo puede decirse de las estaciones de la tierra, particularmente del invierno, de entregarse a ese momento de máxima contracción (sístole) que es el invierno sin oponer una resistencia necia, sin añorar el verano o querer apurar la primavera. El caracol “deja ir” casi dos terceras partes de su cuerpo y es su modo de entregarse al invierno.

    Pero donde me parece todo esto más elocuente es en ese abismarse al que haces alusión en relación al butoh, en esa resignificación de lo que es caerse, no como una torpeza o un yerro, sino, precisamente, como un poder entregarse, dejarse ir. Si uno/a es capaz de entregarse a su cuerpo, a sus sentimientos, a la tierra, a lo que deparen las estaciones, sin temor, de manera total, con perfecta aceptación, también es capaz de entregarse así a la vida misma.

    ¿No es esto el Amor?

    #15099
    Shakti González
    Participante

    🙂

    Muchas gracias por tus comentarios querido Gabriel. Me hacen mucho sentido, y me resuenan mucho con lo que precisamente ha estado siendo el caso de este invierno. He tenido el invierno como sístole muy presente estos días y sí he encontrado quizás una necedad en mí respecto a esto, cosa que no me suele pasar con los movimientos de este tipo así que me ha resultado muy peculiar y quizás incluso difícil.

    Tus comentarios me contribuyen a poderlo nombrar y agradezco mucho que me hayas contestado de manera bellamente atenta.

    Tuve que tomar la semana extra esta semana que pasó, pero aquí seguimos.
    Un abrazo

    #15107
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Qué alegría leer que la respuesta te resultó provechosa, Shakti.

    Un abrazo afectuoso para ti.

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