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    1) Situación que me genera arrebato (representación arrebatadora): Tengo una larga lista de compromisos de cosas por hacer. No sé por donde empezar. Me cuesta trabajo elegir a qué darle prioridad. Cuando elijo alguna, la mente se molesta y me presiona diciéndome que elegí mal, que debería estar haciendo alguna de las otras tareas pendientes.
    2) Respuesta que genera la representación arrebatadora: angustia, preocupación, frustración, estrés, malestar, enfado conmigo mismo.
    3) Proceso que tiene lugar cuando se presenta la situación: Es desesperante mantenerme en este estrés de no saber qué elegir para realizar y, cuando elijo, entrar en conflicto porque la mente cree que elegí mal y que tendría que estar haciendo algo diferente. Me siento angustiado y culpable por no poder concretar todos mis pendientes. Y ahora, con la pandemia, está el plus de hacer otras actividades extras en el hogar. Todo esto me hace sentir estresado, agobiado, exhausto. Para donde mire surge una situación que me exige ser atendida. Empiezo a dudar de mi elección. Todo lo otro que no elegí parece más urgente, pero si atiendo a todo, no concreto nada. Entonces aparece frustración, enojo, tristeza. En ocasiones logro mantenerme firme en lo que elegí y lo logro concretar, pero no pasa con frecuencia.
    4) Desmantelar los juicios. Nada de lo que me pasa es bueno o malo. Es mi mente la que les da una calificación, la que juzga, critica, regaña, presiona y está en constante inconformidad con lo que elijo.
    5) Desnudar la representación, reescribirla en términos de representación cataléptica.
    Observo una serie de cosas a las que me comprometo por hacer desde el gusto por aprender cosas nuevas o por hacer cosas nuevas que me ayuden en el crecimiento profesional: tomar cursos, iniciar campañas de publicidad, organizar nuevas cosas que ofrecer.
    Mi mente se angustia desde su condicionamiento de quererlo hacerlo todo y concluirlo todo.
    Observo una dificultad personal para organizar y priorizar. Lo que no es ni bueno ni malo, simplemente es así y seguramente se trata de un hábito.
    No hay nada que sea realmente más importante o urgente. Cualquier cosa que elija está bien, pues para mí todas son gratas, útiles e importantes.
    Regañarme o presionarme me genera ansiedad. Pero engancharme con los pensamientos no resuelve el problema. Los pensamientos no son yo. No tengo porque dejar que un pensamiento me controle y me genere infelicidad. Aunque las voces del juicio, la crítica me presionen, yo elijo si las escucho o no. Si las cosas no se hacen porque no alcanzo a hacerlas o no puedo abarcar todo lo que me he comprometido a hacer, no es ni bueno ni malo. Tal vez lo que me ayude sea reflexionar, cada vez que adquiera un compromiso, aunque me interese mucho hacerlo, ver si es realista tomarlo. Ante la avidez elegir actuar con mesura. Si no logro hacerlo siempre, perdonarme por ello e intentarlo de nuevo la próxima vez.

    #13319
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    El ejercicio es impecable, está desarrollado de manera cuidadosa y exhaustiva. No hay mucho que yo pueda decir o agregar. Me interesará saber, en el curso de los días, si logras anticipar esa representación, detenerla y disolverla con los razonamientos que te has dado.

    Lo único que quisiera agregar, pero es especulativo y puedo estar totalmente descaminado, es la posibilidad de una fantasía que esté en el fondo de esa avidez por tenerlo todo ya hecho, ya resuelto, ya concluido. Que hay un estado de ansiedad o avidez parece claro según lo que escribes. La avidez se origina, en la psicología moral estoica, por la presunción de un bien futuro. Pongamos que hay algo que no tengo ahora y considero un bien (aunque es externo a mí, por lo tanto un falso bien o bien presunto, no un auténtico bien en términos estoicos). Esto puede ser un objeto o un objetivo, lo que fuere. Mientras no obtenga ese objeto o alcance ese objetivo, no estaré en paz. ¿Cómo podría estar en paz si, en la evaluación que yo he hecho, me falta algo que juzgo nada menos que un bien para mí? Entonces, teniendo esto en consideración, una pregunta es si, en la representación que tienes de haber concluido todos los pendientes, se aparece un presunto bien que podría ser el que estuviera originando esa avidez? Por ejemplo, cosas como: “Una vez que acabe con todos los pendientes, al fin tendré tiempo para no hacer nada y descansar”, o “Al fin podré hacer tal o cual cosa” (siendo esta cosa algo distinto al orden del trabajo). Como dije, todo esto es especulativo, pero, si identificas algo parecido a esto, es importante que lo examines con total lucidez y veas si has depositado allí el valor de un bien, y si efectivamente es un bien o sólo una promesa de bien o un bien presunto, o algo que, cuando lo tienes, no es tan bueno como parecía, etc. Si esto es así, como estoy especulando, entonces los “pendientes” (el nombre es ya muy elocuente) no pueden sino ser percibidos como obstáculos que difieren o traban tu objetivo, y esto los pone en un lugar irritante. Tú has hecho un excelente trabajo al ver con lucidez que todo eso lo haces por gusto y decisión, por favorecer tu crecimiento, etcétera. Ahora intenta ver si no hay ninguna fantasía que esté arrojando sombra sobre esas actividades que has escogido por gusto y decisión.

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