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  • Este debate tiene 0 respuestas, 1 mensaje y ha sido actualizado por última vez el hace 2 meses por AnaKoretaAnaKoreta.
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    AnaKoretaAnaKoreta
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    Desde aquí se ven pedazos de ecosistemas, se ve el cielo del oriente, las casas lejanas, los edificios como fichas de dominó, la ropa tendida sobre las barandas. No hay una ventana por la que pueda cómodamente asomarme pero ésta es un perfecto cuadro para mirar el afuera. En esta época del año entra directo el sol y pone contentas a las suculentas que adentro crecen.
    El día ha madurado y se oye un reggaeton que hace retumbar los vidrios, el griterío de niños jugando, la ropa seca meciéndose con el viento. Aquí estoy asomándome por primera vez con una nueva mirada a mi pedazo de mundo. Aquí las paredes son de papel, todo se escucha muy claro, hasta las peleas de los esposos infieles. Me salva tener una pluma y un cuaderno para escribir.

    Ver llover por la ventana me recuerda mi infancia, pasaba largo tiempo mirando la lluvia escurrir por el vidrio, me quedaba absorta al ver cómo se deformaba el paisaje, la casa, el árbol, las nubes negras. Ver llover era como dejar salir mis lágrimas contenidas, pues por muchos años esperé ver a mi madre muerta aparecer por la ventana. La nostalgia arremete y las formas del afuera se ondulan con el agua que escurre en el vidrio.

    Suena la música a todo volumen. “Me da pena que me digas que regreses, cuando yo no puedo ya ni ser tu amiga…” La ventaja de estar en el último piso es que me da mejor perspectiva. Mirando al joven vecino lavar los trastes me hace pensar que vivimos en burbujas de aire, apilados unos sobre otros, el dicho aquel “las gallinas de arriba cagan a las de abajo”, aquí es literalmente cierto. Sigo transmutando las ruinas de la enfermedad de moda, bastó una embestida emocional y bajar la guardia para que por ahí entrara, ¡vaya virus tan inteligente! entra por nuestras ventanas más vulnerables. La canción sigue sonando, “te perdono todo el daño que me hiciste…”

    Es de madrugada y sólo asoman las luces de los pasillos, las farolas de las calles. Pienso que a pesar de todo es la mejor vista, he visto amaneceres que me han robado el aliento, rojos atardeceres pintados al óleo, lunas llenas que inspiran. Me ha sorprendido ver la luna menguante asomar por la ventana como un ojo dorado que aparece contundente sobre el pedazo de cielo. Escribo a oscuras para no romper la magia de la noche. Todo es según el cristal con el que se mira, a esta hora es más transparente y se respira un aire ligero. Una cucaracha aparece distraída y me saca de mi estado de inspiración poética, la aplasto con mis dedos, desde hace tiempo perdí el asco de matarlas así. Rondan por todo el edificio, suben desde la planta baja por todo el drenaje hasta aquí. Desde cierta mirada son las mejores vecinas, entran silenciosas, se esconden cuando llego a casa, limpian los rincones de los restos que voy dejando, pero mi respuesta es la misma programada por el inconsciente colectivo, ¡eliminarlas a toda costa!

    El atardecer asoma mostrando pinceladas de rojo carmesí en el cielo, la hora del bullicio. No hubiera imaginado que esta ventana me inspirará tanto a reflexionar sobre mi condición. Cómo escribir de manera poética tal estado de escasez viviendo al día. En estos días vi una estadística de las clases sociales en México según los ingresos económicos mensuales y yo no entraba en ninguna, me consoló ver un meme que se burlaba de la nota. ¡Cada uno vive como puede, ya no como quiere!
    Puedo confesar ahora que siempre tuve la pretención de vivir en una “mejor” colonia. Recuerdo ventanas por las que en otros tiempos miraba, decir “vivo en Coyoacán o vivo cerca de la Roma”, fue motivo de orgullo, aunque viviera en la zona popular. Pero todo es relativo, al menos por esta ventana no se ven estallar bombas, tiroteos o muertos en la calle, o narcos sometiendo a punta de balazos, o escuchar el toque de queda que enciende el miedo. No tengo que poner barrotes en las ventanas, pero los paisajes desde aquí me han hecho ver mi realidad. Ahora entiendo por qué pinté árboles, mandalas, flores y mariposas en las paredes blancas, para matizar de colores una realidad que me negaba a ver en su estado crudo. Así como han pintado mariposas y flores en las paredes de las calles de los barrios marginales, algún crítico decía “pintan de colores la pobreza”. Así yo he pintado de colores mi pobreza material, me viene bien afianzarme más a la riqueza espiritual que he cultivado los últimos años. El mundo está en recesión económica, dicen muchos, habrá que resistir o buscar nuevas ventanas para mirar otros paisajes, o habrá que hacerse de nuevos lentes para mirar con más amor tal condición sin dejar de ser ajenos a la realidad del mundo.
    Ya casi es luna nueva, buen momento para regenerarse, otra vez. De nuevo otra cucaracha rompe el estado de arrobamiento poético, ¡Paf! ¡Buenas noches!

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