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  • #15659
    Jairo Vladimir
    Participante

    Día 1
    Pertenecerse a sí mismo sin ser prisionero de sí: noble y ardua labor…

    Día 2
    El dulce baño áureo de la tarde; las rojas estrellas florecidas de la noche; la tranquilidad brindada a un corazón. En esto, el vivir día a día encuentra su justicia y su eternidad.

    Día 3
    Si todo nos parece igual, ¿no es porque seguimos viendo con las mismas ideas? ¿No nos aterra el porvenir, porque se trata de nuestros añejados sueños, soñados una y otra vez? La maravilla está en vivir un solo día como viviríase la eternidad -y una eternidad no menos que como se viviría el misterio de cada nuevo día.

    Día 4
    Tiempo líquido se desliza por entre mis dedos. Rápida me caza la noche. Un solo día no basta para salvarlo todo, no alcanza siquiera para salvarme a mí. Sólo el instante. Sólo éste es suficiente para vivir y habitar, erigirse y sostenerse, para soltar los pesos y reír ante la futilidad de los más severos asuntos. Mídase el día por risas, por abrazos, por miradas: por instantes. Y la memoria…, ¿no irrumpe como ventisca sobre el apacible valle? Sí. Pero cuando no ha traído la áspera nostalgia, me ha brindado, hoy, en un instante, la dicha hermosa de una vida magnificada.

    Día 5
    Pólemos

    #15662
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Un modo de vida filosófico y la escritura como recurso para recordarse, reafirmarse, eventualmente prevenirse de algo. Quizá la mayor inquietud, la que atraviesa los días y las noches de tu texto, sea el instante, sus posibilidades, su realidad única y suficiente, y por oposición, la ilusión del tiempo, la potencialidad infinita del futuro reducida a un puñado de expectativas provenientes del pasado; repetir lo viejo (y eso es efecto del miedo) en lugar de estar abiertos al instante. ¿Cómo hacerlo? Parece que no hay otro camino más que amar lo que sucede.

    ¿Qué sería el si mismo al que eventualmente perteneceríamos?

    #15663
    Jairo Vladimir
    Participante

    Sin duda hay en la escritura un buen medio para ejercitarse en una vía tal (de un modo de vida filosófico), llevar una suerte de askesis que fortifique la memoria y expulse al olvido. Pero, ¿cómo lograr esto, sin caer en la memoria circular que evoca el pasado con el anhelo (o el temor) de repetirlo? Bien lo mencionas: amar lo que sucede -lo cual, por cierto, me hace recordar y encontrarles un sentido más vivo a las palabras de tu texto introductorio, pues precisamente este amor (a la sequía y a las lluvias, a lo imprevisible e inesperado) implica un “hacer tierra”, es decir, habitar y habitarse de un modo otro, acaso más devoto del momento (¿de qué es momento ahora?) o, como mis palabras han dejado traslucir, del instante.

    Probablemente (pienso ahora) ese “sí mismo” que no es prisionero de sí, y al cual uno (yo) pertenecería, es aquel que es tierra, que se habita a sí mismo, que ya no teme lo que sucede o puede suceder sino que lo ama. Mas habré de seguir indagando en ello.

    Saludos, estimado Gabriel.

    #15664
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Saludos, mi estimado Jairo. Un gusto tenerte otra vez por aquí.

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