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  • #15684

    8 de Febrero

    Desde hace años, una niña habita la casa. Le llaman Séjourney. A ella le gusta descubrir y entender las cosas que le rodean. Flores lilas, rojas, amarillas y blancas alegran a la niña que corretea por el patio iluminado y sereno, donde la niña contiene su universo entero.

    Las paredes del patio la resguardan, en el transcurso del día. Cuando llaman a la puerta, Séjourney corre a asomarse a la ventana, pregunta y comparte, a través de su sonrisa, su alegría y fuerza vital. Al atardecer, la niña prefiere irse a dormir que prender luces incandescentes que encandilen su mirada.

    Una tarde Mamá le entregó, a Sejourney, una carta de Tía Nena y le pidió que le escribiera de vuelta. La niña pensó contarle lo que le gustaba pero, Mamá dijo, “escríbele a Nena, dile que está en nuestras oraciones y le pedimos a Dios que le ayude a llevar su cruz”… Al terminar de escribir, la niña dobló la carta, pasó su lengua húmeda sobre el pegamento del sobre y lo cerró sin entender qué “cruz” llevaba su tía. Ni su Mamá le supo explicar cuando Sejorney le preguntó ¿por qué hablaban diferente de su tía diciendo que era “una Mujer que vive sola”?

    Cada verano, Tía Nena venía de la Ciudad a quedarse en la casa. Los niños éramos felices cuando nos visitaba porque ella nos peinaba y miraba cómo nos veíamos, también nos contaba cuentos. Recuerdo en especial un verano que Sejourney se sintió completamente amada y era feliz diciendo que amaba a su Tía. Un viernes por la tarde vio a Tía Nena regresando las cosas a sus maletas. Sejourney le preguntó si podía irse con ella. El sábado por la mañana, la Mamá le pidió a una de sus hijas que llevara a los niños a casa de la costurera, para que les tomara medidas, pero la costurera no estaba y la hermana decidió quedarse bajo el sol de la calle, esperando inútilmente a que les abriera. Horas después cuando regresaron Tía Nena ya no estaba en casa. Se fue sin despedirse. Sejourney lloró toda la tarde hasta quedarse dormida. Al amanecer se sintió diferente, tenía una extraña sensación en todo su cuerpo que la dejó muda.

    Al tiempo una mujer cultiva las plantas del patio. Ella dice que se llama Séjour. La mujer trabaja diligentemente, sabe abonar las plantas, podarlas y darles el lugar que necesitan para hacer crecer las flores lilas, rojas, amarillas y blancas que siguen compartiendo su belleza, a pesar de que las paredes del patio son, cada vez, más altas.
    No recuerdo haber escuchado la voz de la mujer que trabaja en el patio. Esas paredes resguardan a la mujer que no habla, escucha. No corretea, trabaja en silencio, mientras cultiva las plantas del patio.

    #15690
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Me es difícil comprender si Séjour eres tú o si estás hablando de otra persona. Pero entiendo, o creo entender, que has asociado la idea de fundar un espacio (de escritura) con la experiencia de esa niña en el patio, con su cultivo de las flores y plantas, y cómo, además de haber sido una fuente de contemplación y alegría, se vuelve también un refugio ante los reveses de la vida.

    El punto central, si entiendo bien, es la retirada intempestiva de la Tía Nena, que se había vuelto, al parecer, un soporte para la niña. Pero, por el fuerte efecto que tiene eso, da la impresión de que pasó algo más. Antes de eso, era el patio; después de eso, sigue siendo el patio. Y sin embargo, la niña habitaba con alegría aquel espacio, mientras que la mujer se siente taciturna en tu escritura. ¿Ha sido suficiente ese patio para restañar la herida? ¿Ese ese patio, ese jardín, un soporte que se basta a sí? ¿O hace falta algo más todavía? Y si lo último, ¿qué? ¿Cómo restituir el fundamento que nos sostiene después de un doloroso abandono?

    #15694

    ¡Muchas gracias por las preguntas! ¡Certeras, precisas para ayudarme a encontrar…! ¡Abrazos!

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