fbpx
Viendo 2 entradas - de la 1 a la 2 (de un total de 2)
  • Autor
    Entradas
  • #15466
    Omar
    Participante

    El espectador

    Hay frente a él un carnaval, una fiesta, una reunión, un espectáculo, una terturlia… y él se sienta sin cantar, beber o bailar. La gente que él admira lucha, resiste, sobresale, experimenta, siente, danza, expresa, crea, ¡vive! Y son cientos de ellos. ¡Está llena de energía, de personalidad, de color! Y él observa. Observa y pareciera que disfruta con ellos, eso se dice él mismo, pero al mismo tiempo, quizás no por ello siendo falso lo anterior, muere un poco por dentro. Observa y sueña, sueña que él baila, que él canta, que él crea, que él conoce, que él viaja, siente, que él produce también el brillo de la vida, ¡que él vive! Pero sólo observa. Inexpresivo observa, quizás deja salir una sonrisa, pero no demasiado grande, todo se lo guarda, el placer y el dolor. Observa y sabe que sólo observa y se odia por ello pero a la vez no sabe hacer nada más y cuenta los segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años que se la pasa observando, que se la pasa viendo la vida acontecer lejos de él, sin él, para otros. Él observa y no puede hacer nada más y lo peor es que no conoce la razón.

    El carismático

    Siempre alegre, siempre haciendo chistes. Diplomático, sonriente, atento a cada detalle del que pueda sacar algún dato interesante, alguna risa, del que pueda surgir algún comentario positivo, dar algún consejo o hacer alguna gentileza. Dueño del momento, todos le escuchan, todos ríen, todos salen contentos. Al menos eso cree él, al menos a eso se obliga. Lo hace en automático, como si lo hicieran hacerlo, como si tuviera que cumplir con un mandato. Sonríe sin sentir alegría, ríe sin encontrar gracia en algo, simpatiza con quienes de otra forma jamás llamarían su atención. Lo hace para satisfacer al público, monta un espectáculo donde él es el dueño del circo y el bufón al mismo tiempo. Todo por agradar, todo por dominar, todo por no ser dominado, por no ser humillado, por no ser abandonado.

    El intelectual

    Inteligente, culto, incluso sabio para algunos. Todo el tiempo cuestionando, corrigiendo, instruyendo, analizando, otorgando conocimientos. Maestro, guía, líder, gurú. En el fondo no sabe qué está haciendo, en el fondo tiene miedo, en el fondo es un impostor. Levanta una prepotente muralla entre él y los demás y cada ladrillo es una farsa oculta tras un truco retórico, tras un dato que parece más de lo que realmente es, tras una opinión que suena mejor de lo que contiene. Destruye a quienes lo cuestionan, toma altura frente a todo el que lo desafía y hace que está más allá de hacer caso de ellos y se maneja con maestría, pero no sabe realmente nada, no podría defender nada, no tiene contenido: es pura imagen de intelectual.

    #15472
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Quizá algo interesante sea observar qué tienen en común estos tres espectros, en apariencia, tan distintos. Yo diría que ese factor común es la distancia, o, como dices muy bien, la muralla. Más aún: “ellos” SON las murallas; son estrategias de aislamiento, de no exposición, de clausura. En un caso, el muro se parece a una atalaya, en otro, a una cortina de humo, en el tercer caso, a una especie de hechizo. Pero, además de que están muy bien descritos, has observado con lucidez que lo que hay en el fondo de los espectros es miedo: miedo a ser abandonado, miedo a exponerse, miedo a ser lastimado. Tú lo ves con total claridad. Entonces, la pregunta es cómo trascender el miedo. Castigarse a uno mismo no ayuda, aunque nos parezca que, de ese modo, expiamos cierta culpa. La culpa es estéril; es la responsabilidad, el responder-por, lo que mueve hacia la reparación.

    ¿Cuál es el exacto opuesto del miedo? ¿La valentía? Gandhi decía, creo que con razón, que es el Amor. El Amor en el sentido del Amor fati, de amar lo que toca, de abrazarlo en lugar de rechazarlo. Si el miedo es la anticipación de presuntos males, el Amor es la bienvenida a lo que quiera que sea que sobrevenga. Entonces, en cuanto a los espectros, ¿cómo lidiar con ellos? Rechazarlos sería alimentar aún más el miedo. Esa distancia que refieres al principio admite, ciertamente, un versión venturosa; en budismo se llama Uppekka, ecuanimidad. Un espectro se levanta, pero tú no te dejas atrapar por él, y sin embargo, tampoco lo rechazas. Lo dejas ser, sin identificarte con él, viéndolo como una mera aparición. Hay un modo de observar que, lejos de imponer una distancia, es amoroso, en el sentido anterior, porque DEJA SER. Quizá en esto haya una clave para empezar a transformar esas formas de distanciamiento/aislamiento en una observación capaz de estar muy presente y muy abierta a lo que sucede, de tal modo que no hay fragmentación entre tú y los otros.

Viendo 2 entradas - de la 1 a la 2 (de un total de 2)

Debes estar registrado para responder a este debate. Login here