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Viendo 2 entradas - de la 1 a la 2 (de un total de 2)
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  • #15744
    Gabriela Colmenares
    Participante

    Aquel día que fuimos todos juntos, cuando comimos tamales en el parque cerca del panteón, la pasamos muy bien. ¡Qué bueno que hay un lugar para ir a visitarte! Hasta tus nietas, que no te conocieron, pudieron leer tu nombre en el nicho. Te quedaste con mi papá, cerca como debe de ser. Con tu hija también que partió prematuramente; ya estarán juntos. Nosotros vendremos a verte de vez en cuando, para recordarte y para recordarnos contigo. La próxima vez traeremos barbacoa o unos tacos de carnitas, que tanto te gustaban.
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    Qué extraña tradición esa de llevar los restos hechos ceniza a un lugar lejano; encerrarlos en el agujero en la pared y esperar que el tiempo se abstenga de afectarlos, por si algún día alguien quisiera visitarlos y comprar flores; así el resto de los visitantes sabrá que esos restos no han sido olvidados. Me gusta más la otra costumbre, la que creo R para mí, para hacerte regalos, siendo yo la mensajera. R compraba flores pequeñitas, en un puesto afuera de la primaria y al regresar a casa yo las entregaba sonriente. Después deje de ser la mensajera y cambie las flores por helados. Como el doctor no los veía con buena cara, decidí que mis travesuras estarían centradas en tratar de aliviar las limitaciones que la enfermedad trajo consigo. Lo logré en buena medida, los helados dieron un poco de alegría y ser niña, en contraste con tu vejez, dejó ver la gracia del devenir. A ese lugar al que llevaron tus restos no puedo llevar helados y las flores se marchitan. Si te hubiesen dejado en la tierra, nutriendo un árbol, como tú querías, podría verte en cada rama y recordarte en el florecimiento, ya sabes hay tradiciones que ni siquiera la muerte puede cambiar.
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    Me di cuenta de que lo único que siempre deseé fue pertenecer. Nada parecido a ser propiedad de alguien o de algo, más bien asirme a la compañía de mi soledad. Desde niña recorrí el camino sola. Mi orfandad comenzó pronto, después de velar a mi madre en un cuarto sin nada más que su cuerpo, adquirí ese miedo común a la oscuridad. El mío no desapareció con la llegada de la edad adulta, porque se mezcló con el abandono. Estar sola, es estar a oscuras, esperando la voz de un otro para confrontar la existencia propia. Una niña de cuatro años, reconociendo a la muerte ¿qué otra forma tendría de probar su existencia?
    Con el tiempo llegaron muchas otra voces, resultó que mi propia orfandad me unió con otras orfandades. Pertenecer también es cuestión de solitarios. Le pertenecí a los llantos nocturnos de siete niños, a sus calcetas mojadas, a sus desvelos, sus historias de amor y desamor, a las piñatas en las posada, a los paseos y al rebozo con el que cargué a todos mis nietos.
    Ahora que el deseo se agotó, se completó, sé lo que significa trascender el sufrimiento. Nada más importa aquí, ni el arraigo, ni la pertenencia, ni siquiera los restos, sólo la consciencia que partirá a la siguiente ronda.

    #15746
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Tengo la impresión de que este texto te ha resultado más difícil que los anteriores. La voz más interesante me parece la última; si entiendo bien, coincide con la de la abuela difunta. Las otras dos se quedan como escondidas detrás de la tradición o de las costumbres rituales, pero no me parece que hayan florecido. ¿Qué sucedió en el proceso? ¿Por qué escogiste esta situación, donde no parece haber un conflicto que pueda dar lugar a explorar posiciones discordantes (como en principio sugiere la consigna)? Atenerse a la consigna no es importante, pero si hay resistencia, como tal vez la hubo aquí, explorar la propia resistencia puede conducir lejos. Tal vez, claro, me esté equivocando de cabo a rabo, pero en relación a la fuerza de tus textos anteriores, éste se queda más corto. No es una “crítica” en el mal sentido, porque aquí no se trata de eso, se trata de investigar y cuando no logramos entrarle a algo es una buena ocasión para hacerlo. Quizá no es el momento ahora y toca revisarlo más adelante, o quizá sí. Si quieres seguir profundizando en esto, aquí estoy. Y si no, no hay falla y espero lo que escribas para la semana 5.

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