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  • #15889
    Claudia Fernandez
    Participante

    Mi abuela paterna es una mujer que se oculta entre las sombras. La recuerdo callada mientras cocina. Su ropa y su peinado son los mismos desde que yo era niña. Mi abuela poco ha cambiado. Detrás del silencio hay alguien que sembró semillas de odio. Durante mucho tiempo intenté entender el rencor de mi padre hacia los otros. Recordé que ella había enseñado a ser cruel. Ella tan pequeña, con la piel tersa y el cabello corto. Pasaba sus días limpiando. Alguna vez pensé que era la soberana de un reino de hielo. Nunca vi un abrazo, una sonrisa o la mínima muestra de cariño. Cuando sus hijos eran pequeños, los ataba a un árbol y pinchaba sus manos con una disimulada crueldad. Los palos se quebraban la espalda de una de sus hijas.
    Mi abuela fue una niña solitaria. Miró a mi abuelo como una salida para escapar del odio. Su madre nunca la amó. Ella tampoco supo cómo hacerlo con sus hijos. Sus hijos hicieron lo mismo. Todo en su casa es silencio. Todos callan. Intentan dejar atrás el pasado.
    Alguna vez miré uno foto suya cuando era joven. Tampoco sonreía. Ella sigue siendo indescifrable. Pienso en mis raíces y las semillas que regó en la tierra. Hay algo de mí que me recuerda a su rostro. Hay algo de ella que he intentado romper. Hay algo que quiero sembrar: ternura.

    #15891
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Ternura. Hojas tiernas, carne tierna. La ternura parece ser una especie de blandura que place. Y es muy exacta la palabra en el contexto de este linaje tan duro, tan cerrado, de personas tan aisladas. La ternura, en cambio, invita a la manducación, al beso, a la caricia, es decir, al contacto. ¿Cómo se vuelve una persona tierna? Tal vez lo primero es que todo ser humano tiene una naturaleza originariamente tierna, amorosa; es la dureza de las experiencias la que lo cierra, pero la ternura sigue allí, debajo del dolor y las costras. No hay un lugar al que llegar, algo que conquistar, sino, al contrario, se trata de un desasimiento, de dejar de identificarse con el dolor y las costras. Y para eso es preciso ser más grandes que el pequeño yo herido. Cuidarlo sin sentir lástima, apapacharlo sin victimizarse. Marco Aurelio dijo en algún lugar algo así como: Que tu venganza sea no ser como ellos. Es decir, suspender el comercio de intereses, tú me dañas, yo te daño, tú me quieres, yo te quiero. Esto no es el Amor. En el Amor no hay interés (inter res, lo que está en medio), no hay transacción ni cálculo. Se trata de estar por encima de eso (a nuestro tiempo, en la medida en que podamos), de abrazar el dolor y elevarse por encima. De lo contrario, se perpetúan los linajes de rencor. Cortar un solo linaje de odio es, en cierto modo, salvar el mundo.

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