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    IrlandaIrlanda
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    ¿Por qué me cuesta tanto la caricatura y la hipérbole de mis espectros? Es que no me agrada la idea de que esos espectros sean una impostura, algo inauténtico. Tal vez porque reconocer eso implicaría que ellos no son yo, y yo, “en esencia” soy otra cosa, más auténtica. No me gustan los esencialismos. Hay algo de real en mis espectros, y sí, también hay automatismo e impostura. A veces abrazo a unos más que a otros. Algunos son solo el recuerdo de un papel que un día jugué porque era lo que alcanzaba a jugar. Hablo desde ellos con la verdad y la espectralidad que conllevan.
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    Soy lo que muchos llamarían una persona rígida, con un profundo sentido del deber. Llegó a tiempo a las citas y al trabajo. Nunca doy un curso, charla, asesoría o tutoría sin haberla preparado antes. Siempre pido más salario, menor jornada laboral y vacaciones en la huelga y con el sindicato, pero cumplo en estricto sentido las cláusulas de mi contrato laboral.
    No hago cualquiera para salir del paso, si siento que lo hice, me levanto en la madrugada a hacer “bien” mi tarea o pendiente. No doy regalos de cumpleaños, sin tomarme en serio a la persona y buscarle algo adecuado y significativo.
    Este estricto-sentido-del-deber me lo inculcó mi madre. Supongo porque fue la manera más práctica de criarme sin apoyo. Le tomó tiempo y mucho sentido de la culpa labrar ese estricto-sentido-del-deber en mí, pero finalmente empezó a andar solo antes de que tuviera doce años.
    En varios momentos he cuestionado el estatus de mi espectro, pero también reconozco que en muchas circunstancias me dio fuerza, orden y una manera de sobrellevar la soledad.

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    Si tienes un estricto sentido del deber es necesario saber cuál es el valor o fundamento que se busca proteger con la norma. Yo no siempre lo supe y muchas veces recorrí un doble camino a causa de eso. No es lo mismo el deber que lo importante, que lo valioso. Terminé la carrera en tiempo y forma, pero sin encaminarla a nada o explorar otros gustos y posibilidades. Mi deber era estudiar y ser buena en eso. Lo cumplí. Pero ¿para qué estudié filosofía? ¿Era demasiado tomar una clase de biología para probar? ¿Una de literatura? Tuve que hacerlo de todos modos. Me tarde, de todos modos.

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    Cuando nació Camilo muchos de mis espectros fueron grilletes que me impedían realmente hacer lo que deseaba. En ese momento lo que más deseaba era estar con mi hijo y descansar. Estaba tan desvelada, tan desubicada, tan asustada, me sentía tan sola. Los deberes me parecían insignificantes frente al dolor y deseo de amamantar a mi hijo o dormir con él siempre que hubiera oportunidad. Yo quería cargarlo todo el tiempo, me decían que no debía hacerlo. Entonces todo lo puse en pausa, porque no quise (o no pude) seguir cumpliendo mis deberes. En esa época me enloquecí un poco, creo que no recuperé del todo mi racionalidad. Mi hijo tiene cuatro años y si está llorando, llegó tarde.

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    El posparto fue algo así como el baile de mis espectros. Por primera vez me raspó profundamente mi estricto-sentido-del-deber. Igualmente, hasta ese momento me había acompañado el espectro de la mujer fuerte y racional. Pero sólo en ese entonces reconocí que en gran medida esos espectros estaban fundados en una niña desconfiada, abandonada y miedosa. No sentí a esos espectros como falsos, sólo noté que muchas veces cuando creía actuar desde ellos, actuaba, en realidad, desde esa niña. Sólo con la presencia de un niño real, pude ver que yo ya no era una niña y quería ofrecerle algo mío que no fuera espectral.

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    Como decía no me siento algo tan distinto de esos espectros, para mí, aún hoy, tienen cierta realidad y necesidad. Ni siquiera me sentí tan molesta cuando comprendí que esa niña, ese deber y esa falsa fuerza racional habían parcialmente dado al catre con mi matrimonio. Aunque me sentí triste. Irlanda también es el espectro de una esposa. Ese es el último invitado al baile, que, en esta ocasión, no me cupo en 700 palabras.

    #15657
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Es un texto sumamente lúcido y hay una introspección profunda en quien esto escribe. Por supuesto que los espectros tienen una cierta realidad, el problema es identificarse con ellos a tal punto que uno olvida el carácter espectral de estas formas, hábitos, automatismos.

    Creo comprender la cuestión del deber, el aspecto en que ese modo estructurado de ser puede proporcionar una ayuda invaluable, orden, método, una cierta habilidad para desenvolverse en la vida práctica, y el aspecto en que se vuelve una limitación. Y es que el deber tiene que ver con la deuda: uno debe. ¿Qué espectro está incluso detrás del deber? ¿Hay alguna clase de deuda? ¿Hay que demostrarle algo a alguien? Y por supuesto, un hijo pone o puede poner en juego otra lógica, de un orden muy superior, donde no hay deuda porque no hay transacción y no hay transacción porque en el hallazgo del amor se revela lo gratuito.

    Jung observaba que, cuando una tendencia de la vida consciente es muy pronunciada, inconscientemente se desarrolla una tendencia opuesta, de magnitud semejante; le llamó a esto con un nombre heraclíteo: eneantidromia, lit., “correr en contra”. ¿No será que perder el rumbo por un momento es la manifestación de un profundo deseo que quiere liberarse del rigor y las deudas, y entregarse a una especie de espontaneidad libre de rigideces, incluso si el intento es fallido?

    Escribir es también un modo de desautomatizar y eventualmente perder el control (de un modo seguro) si uno permite que la pluma se deje ir. Y me parece que aquí lo has hecho maravillosamente bien.

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