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  • #12819

    Ahí estaba, cada vez más grande, entre más pensaba en él más se perpetuaba y se fortalecía, se alimentaba de recuerdos dolorosos y vivencias pasadas y en gran medida de pensamientos alejados de la realidad, era el rechazo, se pegó a mi como una lapa a donde quiera que iba sentía su presencia, en todos lados, con la mayoría de las personas lo sentía más cercano a mí, como si en cada situación, laboral o personal tuviera que estar presente.

    No tardó mucho en aparecer el miedo, quien se hizo amigo del rechazo, ambos se paseaban delante de mí oscureciendo mis días, ignorando mi dolor o preocupándoles poco, sin darme cuenta los fui fortaleciendo cada vez más mientras yo me debilitaba y me sentía más pequeña, más alejada de todo y de todos; los nutría con mis pensamientos que estaban trabajando día y noche, incluso en sueños.

    Con el tiempo apareció la soledad, en un inicio me sentí peor con su presencia pues creí que se volvería aliada del rechazo y el miedo, al principio no nos llevábamos muy bien, procuraba evitarla a toda costa, con ruido exterior, compañías falsas, huecas y diversas actividades, aunque fueran poco placenteras, sin embargo, una situación externa nos obligó a permanecer juntas, se acercó a mí y con el pasar de los días nos fuimos haciendo amigas, más unidas, ella me entendía como nadie y me fui sintiendo cada vez más cómoda con su compañía; descubrí que no era tan desagradable como algunos me habían contado, entendí su importancia en mi vida, gracias a ella me fui conociendo más y fui olvidando al rechazo y el miedo, ahora era yo quien me iba fortaleciendo.

    Ahora sé que rechazo, miedo y soledad fueron mis compañeros en una etapa, en algún momento los vi como mis enemigos, sin embargo, hoy creo que los necesitaba para aprender con ellos y ser más fuerte; actualmente ya no forman parte de mi vida, al menos no de forma permanente, ocasionalmente me visitan, cada uno de forma individual, pero ya no les temo, les sonrío, se quedan un momento y después se van a continuar con su enseñanza a alguien más.

    #12836
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Me parece interesante la lógica interna que se adivina en tu texto. El rechazo deja una huella (y un espectro no es más que un cierto tipo de huella) y esa huella genera miedo al rechazo, lo que termina por traer soledad. Esa soledad parece primero un desierto, un yermo; luego se vuelve un espacio habitable e incluso atesorado. El movimiento, o mejor, la transformación de esa soledad vacía, yerma, en un espacio de posibilidades que resulta ser, ni más ni menos, que haberte convertido en un hogar para ti misma es una inmensa conquista. Posiblemente el miedo al rechazo haya estado fundado en el miedo a la soledad y, una vez que llegó la soledad, pero, sobre todo, que su aspecto temible se desvaneció, revelándose, en cambio, una buen amiga, el miedo ya no tuvo fundamento y así todos los espectros se disolvieron.

    Como bien dices, estos espectros fueron de alguna manera “maestros”. Has aprendido lo que tenían para enseñarte y eso te permite recibirlos, si te visitan, sin rechazarlos (sin disociarte), pero sin sucumbir tampoco a lo que no es más que una fantasía de la mente.

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