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  • #13527
    LauraR
    Participante

    946 palabras. Lamento no haberlo subido antes. No he dejado de trabajar. Han sido dos semanas ocupadísimas. Por suerte, después de Julio ya me doy un buen descanso.

    Mi madre es católica. Y como buena madre, decidió que debía de estudiar en una escuela religiosa, pero no demasiado. Mi padre, un magnífico técnico ingeniero en aeronáutica. No tuve más familia que influyese en mi carácter más que ellos, todos en mi familia viven lejos, lejos, lejos. Y la mayor parte de mi familia, a excepción de un tío, por parte de mi padre, me es casi absolutamente desconocida, a pesar de ser 10 hermanos. Mi madre no es una mujer exactamente devota y fervorosamente religiosa, en realidad, ella se identifica más con la religión hindú que la católica o el cristianismo. La creencia de un realismo ingenuo de un dios que ha creado todo fue el inicio de mis creencias. Luego, representó aquel ser que está en todas las cosas y que forma el destino de las personas y las cosas en general, que mueve o quita sin ninguna razón comprensible, y que te eleva o degrada en tu reencarnación, todo crimen es pagado y toda buena acción de algún modo recompensada en un futuro, pero no es algo que los mortales comprendan, con misiones qué cumplir igualmente incomprensibles.
    Personalmente nunca creí en un destino personal, ya que es incomprensible, pues definitivamente no podía yo saber para qué había nacido. Mi padre, por otra parte, era completamente ateo. Seguro creía más en los OVNIS que en un dios, y tal vez eso causó que su vida fuese más tormentosa que la de un creyente. Siempre he creído que la religión es necesaria, que trae paz a la vida de una persona, porque lo he visto y lo he vivido. Mi padre vivió preocupado por dinero y por carestía, siempre sintiéndose amenazado, estresado, con la incertidumbre respecto a todo… y eso definitivamente me ha hecho la persona que soy ahora, para bien o para mal, y seguramente también ha influido mucho en mi hermano, porque no creemos en las reglas sociales ni que el esfuerzo arduo rinda el mismo provecho que cuesta. Por otra parte, al menos pude aprender lo que es trabajar, desde que tengo uso de razón, toda mi vida siempre he tenido la consigna de tener que obtener buenos resultados y para obtener lo que deseo. Mi padre no conocía la palabra “regalos”, a menos que le ahorrara dinero o de algún modo “pagásemos” para conseguirlo. Eso es bueno, porque aún ahora odio las deudas y favores. Luego, que siempre se puede ser mejor, ser ingenioso, que cualquier equivocación es un riesgo y es mejor no cometer errores. Lo que se obtiene fácil, fácil se pierde (aunque en realidad yo creo que eso pasa con todo… se trabaje o no). Sinceramente creo que mi padre era más hinduista que mi madre, porque él creía que el pobre iba a ser siempre pobre, y la mujer siempre mujer, no importa lo que sucediera, no podían cambiarlo.
    A diferencia de mi padre, mi hermano y yo crecimos con una mente muy flexible, con las ideas en las nubes, en ese devenir incomprensible de miles de razones, lo pensamos todo. Todas las cosas nacen de una razón trascendental, independientes de bien y mal. Yo no quería una religión por el perdón (era una niña) y tampoco un dios que regalara destinos. Y tampoco quería conformarme con un rol social, que sinceramente me causaba un estrés terrible, tanto siendo hombre como mujer, pensar lo lejos que estaba de un estándar social en términos de mi padre, definitivamente fracasaría. La ansiedad que me causaba la imposibilidad de ser una persona independiente y ser libre era lo peor.
    Luego entré a la carrera. Yo sé que debí de haber elegido algo distinto, tal vez antropología o etnología, pero nunca en la vida se me cruzó aquello en la cabeza. Cuando tomé la clase de filosofía, simplemente me dije que, antes de morir, quería conocer todo lo que había sido pensado y el modo en el que otros habían organizado esas infinitas posibilidades del mundo, aunque al entrar estaba convencida completamente de que eran puras charlatanerías, falsas ciencias o prejuicios. La filosofía llegó como un instrumento exótico, sacado del fondo del mar, que debía de verse desde mil ángulos para encontrarle un fin y un sentido. Primero los griegos, magníficos pensadores, lúcidos, diáfanos, aventureros… los adoré a todos. Pero luego llegó el idealismo alemán, y con ellos, Kant. Claro que no es un ancestro, pero Kant, ángel vengador incorruptible, inclemente, pude por fin dar un sentido unitario a mis creencias. Obra tal como si el juicio por el que basas tu acción fuese a elevarse a condición universal. No hay libertad, sino sólo sensación de libertad. Nuestro ser entre palabras es conducirse a ciegas, y lo único que podemos hacer es rogar a la divinidad, a la razón inconmensurable, inalcanzable, por prosperidad. Kant no acepta mentiras ni trabajos a medias. Representa la guía por un temor a la ira de dios y el respeto al orden divino, auténtico. No me importa ser una persona religiosa, es mejor que una vida etérea, de ilusiones o simulacros. La bondad a la naturaleza siempre tiene una recompensa, el trabajo dignifica. Si alguien no comprende esto, se engaña a sí mismo, y su daimon no es buen guía (como lo es Kant). Respetar aquello por lo que nuestra naturaleza ha sido hecha. Creer en un mañana próspero. Poder respirar y sentirse feliz de que, si bien no siempre se obtiene aquello que se desea, sí se obtiene la satisfacción de haberlo hecho por cuenta propia. Sentir culpa del mal y placer por el bien es tener todo en su lugar, poder ver el orden con lucidez, y sentirse tranquilo de vivir y morir.

    • Este debate fue modificado hace 2 años, 8 meses por LauraR.
    #13544
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Qué hermoso texto. Tengo que decir que no siempre logro comprender bien las ideas que quieres transmitir y que tu encomiable independencia de criterio para hacer lo que te dé la gana a veces me desconcierta. Pero aquí he encontrado un texto de gran sensibilidad, gran profundidad, escrito por alguien que ha pensado mucho y que tiene una relación extraordinariamente vital con la filosofía. Tu comentario de Kant es una joya y tus líneas finales, que parecen como un testamento moral, y en las que resuenan, quizá, los estoicos, son inspiradas e inspiradoras, transmiten grandeza moral.

    Tengo la impresión de que el texto tiene dos grandes partes, aunque en realidad es, todo él, un texto sobre la Bildung, como dicen los alemanes, la formación del carácter. La primera parte la ocupan tus padres y sus ideas, el legado moral que ellos han dejado en ti y en tu hermano, y cómo lo han procesado ustedes. La segunda es tu encuentro con la filosofía. Todo el texto tiene una enorme fuerza, porque hay ternura y a la vez firmeza en la pluma, en las ideas. Quizá no estoy de acuerdo en lo que toca al daimón, pero qué importa eso. Te felicito de todo corazón. No dejes de escribir.

    #13610
    LauraR
    Participante

    Bueeeeno… el ahorro de trabajo dignifica. Eso me suena mejor. Gracias profesor c:

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