fbpx
Viendo 4 entradas - de la 1 a la 4 (de un total de 4)
  • Autor
    Entradas
  • #15681
    Jairo Vladimir
    Participante

    “Una temporada en el silencio”

    Por fin duermen todos, y yo mismo, ya dormiré, pero, ¿podré? En este punto es indiferente si puedo; tengo que. Mañana una vez más inicia el ciclo a primera hora del día, hasta la última. Sí, estoy agotado, pero no es tan terrible. Nunca antes en mi vida había tenido tantas responsabilidades, y mucho menos cumplido con ellas, pero ahora es diferente, soy diferente. Siento cómo crezco. Y siento cómo estoy haciendo las cosas bien, y eso me servirá en el futuro. Extraño inmensamente a mi pareja. Pero en parte esto que estoy haciendo servirá para construirnos ese sueño que soñamos juntos. Pero hay algo fatalmente trágico, algo que me hace preguntarme, a cada instante, ahora mismo, que debería estar durmiendo, cómo podré vivir… Mi mano… (¿O mi mente, o mi espíritu?). “Si no canto lo que siento, me voy a morir por dentro”. Y no puedo cantar, luego entonces me estoy muriendo. Aquel que no puede coger y tocar su lira, es como el atleta al que le han amputado la pierna. Me han amputado, y no sé ni siquiera la razón. Debería abandonarlo, pero, ¿cómo no agonizar al abandonar sueños, recuerdos, logros, historia, identidad, vida? El silencio es aterrador. Pero las ocupaciones me ayudan a silenciarlo. Tal vez debería ayudar más en casa, tomar otras responsabilidades. Pero ya tengo bastantes. Y además podrían verme los otros, tan desnudo, disminuido, inválido. Y ese bien podría ser tiempo que dedique a luchar: no abandonar, no resignarme, sino dar la pelea. Es eso o dejar que el silencio me trague.

    “Una temporada en la locura”

    Un día más… Un día más que no quiero levantarme. ¿Un día más? Una noche más, una noche más sin poder dormir. Y ahora que el reloj marca ya la hora de las ocupaciones, parece venir el sueño a llevarme con toda su fuerza. ¿Se lo permitiré? Pero no, tengo que levantarme. Mil cosas hay por hacer. Está el trabajo, la casa, la comida, un poco de atención que me solicitan los demás, y arreglarme para el trabajo, y tengo que llamar para saber cómo están mis papás y ver si necesitan algo, y preparar la comida, y ojalá que esta invisible enfermedad no me pesque, porque entonces sí, no sé qué será de mí; y está el trabajo y tengo que arreglarme para la comida… Y quiero arreglarme para verme y sentirme bien, que estos dolores y sufrimientos físicos al menos no doblen ni degraden mi figura. ¿No merezco ver mi persona con belleza, así sea únicamente a mis ojos? Y en estas cuatro paredes, sin nada que degustar, ¿cómo no enloquecer? En esta tormentosa rutina, la locura parece ser inevitable. Pero no puedo cederme a ella. Tengo que cumplir con el trabajo, y comprar las cosas de mercado, y arreglarme y preparar la comida, y si me queda algo de tiempo, descansar esta espalda y este hombro que me están matando. Ah, no sé cuánto más va a durar esto, cuánto más voy a aguantar…

    “Una temporada en el infierno”

    Tiempo ha que el día ha despuntado, mas yo quisiera seguir inmóvil, pétreo, no quiero saber nada del día ni de sus múltiples vicisitudes que trae pues, después de todo, ya las sé: las mismas que ayer, las mismas que hace una semana, justo las mismas que hace ya varios meses. Los días se suceden y avanzan las hojas en el calendario, mas cada día es igual que el anterior. Un día es todos los días. Y me veo envuelto en ocupaciones sin fin, algunas escogidas, otras tantas por obligación o compromiso o responsabilidad. Pero todo esto no sería tan grave, no vendría con su peso torturante, o al menos podría ser más felizmente soportable si los otros no pusieran tanto empeño en hacerlo todo más difícil: en multiplicar lo que hay que limpiar, desarreglar lo que arreglado estaba, en no ayudar cuando las fuerzas y el espíritu quieren un respiro, en interrumpir cuando por fin me encuentro haciendo mis cosas… Si tan sólo no les pasara inadvertido, y ayudaran, e incluso sacrificaran —como yo— sus ocupaciones y pasatiempos personales, para hacer de esto algo distinto. Y si no estuviera tan solo… Si al menos aquella otra persona me hablara no para hablar de sí, si no para realmente saberme, escucharme, comprenderme. Si así fuera, éste y cada día sería distinto, y no sería un infierno…

    “Una temporada en la casa”

    ¡Por fin acabé esto! ¡Ah, qué alivio me da! Todavía quedan unas cosas por hacer, pero esas pueden esperar, además me van a ayudar. ¡Pero qué sensación de extrema libertad me recorre! ¡Qué energía llena mi cuerpo! No sé por qué tenemos que estar sentados toda la jornada. Es muy aburrido, y cansado. Pero ahora soy libre, y puedo correr, puedo saltar, puedo volar… Además todo esto está muy silencioso. Sé que los demás están ocupados, pero a mí no me gusta el silencio. Prefiero la música. Y también escuchar la voz de los demás, y su risa, cómo añoro su risa. Iré por algo para almorzar… Pero tengo que ser ágil, no sea que alguien me vea —no quiero interrumpir a nadie. Pero la verdad es que tampoco quiero estar solo, me gusta más estar acompañado. ¡Ya sé, iré a visitar a alguien en la otra habitación, no tiene que hacerme mucho caso, me basta con que sepa que estoy ahí y que él esté conmigo. ¡Ah, y ojalá cuando se desocupe podamos hacer algo juntos! Ojalá pudiéramos ir a un parque o a jugar futbol…

    #15685
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    No estoy seguro de haber comprendido bien la situación. Mi primera hipótesis fue que no se trata de varias personas, sino de una misma que va atravesando distintas etapas de alguna clase de enfermedad, que podría ser desde la depresión hasta el Covid o las dos. Luego me he dicho que es una misma situación, una misma enfermedad, quizá un mismo confinamiento, y cómo lo vive cada personaje. Pero me es difícil decantarme por alguna, pues los puntos de vista son muy similares: el hastío por la monotonía de los días, etc. Es verdad que hay matices y diferencias, pero no alcanzo a entender lo que sucede. Quizá si me contaras un poco podría releerlo bajo otros ojos. Por supuesto que está muy bien escrito, pero me ayudaría que me ayudaras.

    #15689
    Jairo Vladimir
    Participante

    Hola Gabriel. En efecto, leyéndolo parece que todos los puntos de vista son en realidad uno y el mismo (ya desde la escritura me saltó eso a la vista). Quizá eso hizo que, para mí, fuera aún más interesante… Se trata en último término de una misma situación, un mismo confinamiento, vivido de diferente manera por diversos personajes, como aventuraste. Lo que a mí me resultó peculiarmente interesante, a manera de revelación, fue que prácticamente todos los personajes viven la situación en un estado de confinamiento no sólo externo, sino interno: su pesar, su desazón, su malestar, son sólo “suyos”, estado de “mónadas” que impide ver lo que el otro está viviendo (así sea muy similar a lo que uno mismo vive). Espero esto ayude a entender un poco mejor lo que intenté plasmar. ¡Saludos!

    #15692
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    Me ayudan tus palabras, Jairo, muchas gracias. Le diste al texto un giro interesante y distinto. En general, lo que busca este ejercicio es que uno se pueda poner en la piel de los otros en una situación donde hay, por así decir, un conflicto de intereses, de tal modo que puedas comprender el punto de vista de alguien que fue hostil contigo. Eso tiene, me parece, su interés. Pero lo que hiciste aquí es también muy interesante, porque en último caso se trata de algo similar. Yo le llamaría “la comunidad del dolor (o del malestar)”, es decir que compartimos el hecho de sufrir o sentir malestar, y esto es algo cuya comprensión nos permite sabernos en cierto modo iguales, por lo tanto, algo que habilita también la compasión, que era de lo que se trataba aquí.

    Saludos para ti, buen fin de semana.

Viendo 4 entradas - de la 1 a la 4 (de un total de 4)

Debes estar registrado para responder a este debate. Login here