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  • #15675
    Jairo Vladimir
    Participante

    Lunes
    Me asomo por mi ventana, ¿y qué es lo que veo? El patio trasero rodeado de casas por los cuatro flancos (caigo en cuenta de que es “trasero” para mí y para algunas casas más, pero no para todas); noto algo curiosísimo en lo que no había reparado hasta ahora (tantos años viviendo aquí): las casas, miradas de izquierda a derecha, describen una perfecta progresión de tonalidades, siendo la “primera” sección (¿cuántas casas son: una, dos, tres…?) color blanco, la “segunda” (esta sí es sólo una casa, ¿verdad?) color melón, lo cual prepara perfectamente la sucesión a la “tercera”, color amarillo, para finalizar con la “cuarta”, color naranja.
    (…)
    Mirando demasiado tiempo este escenario le viene a uno un sofocamiento que ahoga incluso el grito de disgusto que reclama aire. Puertas oscuras, rejas, ventanales y ventanillas, muros y techos, láminas y llantas por doquier; ¿dónde hay algo vivo? Pero la buena ventura ha querido que mi ventana me sea benévola y me ofrezca algo más que toda esta gris pintura (todas las tonalidades coinciden en el gris carácter de lo inerte): me ofrece un cielo, azul bañado de nubes, un respiradero, una salida, un ascenso. Insoportable sería vivir sin un pedazo de cielo. Y no se crea que es lamentable mirar el cielo interrumpido por los contornos de casas, cables y antenas, pues en un solo pedazo de cielo está el cielo todo, tal como descubre el preso tras la alta ventanilla abarrotada, para quien esos filamentos del celeste le presentan ya su inagotable inmensidad; del mismo modo que le pasa a quien, mirando en unos ojos, descubre un par de luceros, y no puede, en el acto, sino ser testigo de todo el manto estelar.

    Sea la ventana una mirilla, un telescopio, una posibilidad de respirar y exhalar, lejos de nuestro organismo, la obviedad. Sea, pues, mi ascenso y mi quietud, mi reposo y mi viaje, mi inagotable transcurrir (que llaman algunos “pensar”).

    Martes
    A lo lejos el cielo es un lienzo multicolor discreto, disimuladamente transitando (ascendiendo) de un color levemente amarillento, pasando por un dulce azul, hasta alcanzar un profundo marino que augura ya la noche. Contra este fondo se dibuja un poste trenzado de cables, las puntas despeinadas de un alto árbol, y más cerca, las formas medio ocultas de las casas con sus tinacos y antenas. En medio de todo esto, en el patio interno de las casas brilla una luz potente, como queriendo conjurar la venidera oscuridad; su esfuerzo resulta escaso y un poco risible, pues el patio cada vez más es devorado por la noche.
    (…)
    Por eso importan estas pequeñas bombillas con su ínfima luz que, de estar en el exterior, ofrecerían un espectáculo por lo menos absurdo. Pero en el interior su luz ilumina lo justo, lo necesario, lo suficiente. ¿No es eso lo que importa en la vida? Llevar, no importa en medio de qué tinieblas, de qué soledades, una luz interna, y, aunque pequeña, sostenerla, como se sostiene persistentemente la luz de las estrellas en el seno de Noche. (…)

    Miércoles
    (…)
    A veces necesitamos de la oscuridad para ver ciertas cosas que de otra manera nos serían imperceptibles, y a veces en las sombras somos capaces de descubrir el verdadero talante de las cosas; ¿qué sería de nosotros si miráramos, con ojos abiertos de desvelo, nuestras sombras, nuestra oscuridad? ¿Qué bordes, qué límites seríamos capaces de cartografiar? ¿Qué tesoros y qué demonios podríamos desenterrar? ¿Y qué ocultos enigmas despertarían, qué voces lograríamos desentrañar? (…)

    Jueves
    (…)
    Toda esa magia se acerca en la explanada
    con un rumor de pasos y puertas y voces,
    y un vehículo que abandona, como caballeriza
    que se retira, para así abrir y dejar paso
    a que las hadas errantes desciendan
    y cambien la perspectiva del que mira,
    y la ventana será entonces espejo
    que en dos direcciones refleja (secreta simetría de portal)
    y así, de observador me convierta en observado
    y entonces acaso, de recolector de palabras
    me trueque en lienzo o poema y misterio.

    Sea, pues, lo que esta noche prediga, por este
    y todos los océanos de tiempo, eternamente…

    Viernes
    (…)
    Pero a mí, hombrecillo debajo del cielo, sólo me queda mirar hacia arriba y gozarme en el corazón con los misterios, y ver las casas vacías y este humilde patio trasero, que escasamente he pisado, y no obstante saber que todo está bien, todo está en paz desde esta ventana…

    #15677
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    El poeta y el filósofo se conjuran en este bello texto, en el que se presagia, una y otra vez, la vía alquímica capaz de transformar la celda (la ermita, el claustro) en un espacio ilimitado; la grisura de objetos desangelados, en belleza; la obscuridad, en el reducto inexpugnable de una llama que nunca se apaga; el observador, en lo observado y, quizá, en el misterio donde no hay ya ni observador ni observación ni observado. Como si la ventana se hubiera vuelto la BASE (Rigpa, en el budismo tibetano), el vacío primordial del que brotan las formas y ese vislumbre trajera por sí mismo una sensación de inmensidad que solo puede confortar.

    Magnífico ejercicio, Jairo, te felicito una vez más calurosamente. Se nota, además, o creo notar, que ha habido goce en la escritura, que es quizá lo más importante.

    #15680
    Jairo Vladimir
    Participante

    Muchas gracias por tus comentarios Gabriel, como suele ser, también en esta ocasión han resultado valiosos. Ahora que lo veo en retrospectiva, en efecto veo que algo hay de esa labor alquímica de transmutación de lo pesado en etéreo, pues esos 15, 20, 30 o 40 minutos que pasé escribiendo fueron pausa, sosiego, descubrimiento y transformación (de lo del “otro lado”, de la ventana y de mi propia mirada). Y al final, ese sabor de algo enorme y bello. ¡Gracias por sugerir este lindo y potente ejercicio!

    #15687
    Gabriel Schutz
    Superadministrador

    ¡Me alegra que este ejercicio haya obrado alquimias y contemplaciones! Gracias por tus palabras, siempre generosas.

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